La historia de la Copa del Mundo está repleta de héroes, hazañas épicas y momentos legendarios que quedaron grabados en la retina de los aficionados al fútbol. Sin embargo, también existen figuras y personajes que pasaron a la historia por protagonizar acciones antideportivas y cruzaron líneas rojas para tratar de ganar cueste lo que cueste. Uno de ellos es Harald Schumacher, portero alemán que está considerado uno de los futbolistas más odiados de la historia de los Mundiales.
La agresión a Patrick Battiston en España 82
Para tratar de comprender el origen de esta antipatía hacia la figura de Harald Schumacher, tenemos que viajar en el tiempo hasta el 8 de julio de 1982. Ese día se disputaba una de las dos semifinales del Mundial de España entre Alemania Federal y Francia en el Estadio Ramón Sánchez Pizjuán de Sevilla.
En el minuto 60 de partido, el futbolista francés Patrick Battiston, que acababa de ingresar en el terreno de juego, recibió un pase magistral en profundidad de Michel Platini, estrella del conjunto galo. El atacante francés tocó el balón de forma sutil ante la desesperada salida del guardameta alemán. Lo que sucedió a continuación conmocionó al mundo entero.
Schumacher, desentendiéndose por completo del esférico y con una violencia inusitada, embistió a su rival golpeándole con la cadera y el hombro en pleno rostro. El impacto fue tan brutal que Battiston cayó desplomado sobre el césped, perdiendo el conocimiento. Los futbolistas franceses pronto se dieron cuenta de la gravedad del choque y solicitaron la entrada de las asistencias médicas urgentemente.
Mientras tanto, Harald Schumacher, con una frialdad pasmosa, colocaba el balón en el área pequeña para hacer el saque de puerta, al tiempo que hacía gestos de no importarle lo más mínimo la salud de su rival que fue retirado en camilla. El balance médico posterior fue estremecedor: Battiston se fracturó tres costillas, tuvo graves daños en las vértebras y perdió dos dientes.
Lo más increíble de la situación es que el colegiado del encuentro, el neerlandés Charles Corver, no solo no amonestó al portero alemán, ni tan siquiera señaló penalti. El juego se reanudó con saque de puerta favorable a Alemania.
Pero lo que indignó todavía más a los aficionados en general y a los franceses en particular, fue la rueda de prensa posterior al encuentro (que por cierto ganó Alemania en la tanda de penaltis). Cuando Schumacher fue informado de las lesiones sufridas por Battiston, declaró con una prepotencia insólita: «Dígale que yo le pagaré las piezas dentales«. Esta falta de remordimiento y empatía convirtió al cancerbero alemán en el hombre más odiado de Francia, por delante, incluso, de Adolf Hitler (según una encuesta de la época).
Harald Schumacher, el subcampeón maldito
Fuera justicia divina o no, lo cierto es que Schumacher perdió la final de aquel Mundial de España 1982 contra Italia. El guardameta alemán encajó tres goles de los italianos y Alemania se quedó a las puertas de un nuevo título en el Santiago Bernabéu.
Cuatro años después, Alemania alcanzó una nueva final. Fue en México 86 y su rival fue la Argentina liderada por un Diego Armando Maradona que estaba en su mejor momento. Los argentinos se adelantaron con dos goles, uno de Tata Brown y Jorge Valdano. Los alemanes lograron empatar por mediación de Rummenigge y Rudi Völler, pero Jorge Burruchaga, en uno de los goles más icónicos de la historia de los Mundiales, daba el triunfo a los argentinos batiendo a Schumacher.
Las críticas hacia el arquero alemán tras aquella final arreciaron en su propio país. Harald cometió un error de bulto en el primer gol argentino con una mala salida. Una acción que le afectó anímicamente el resto del encuentro en el que se mostró muy inseguro.

«Anpfiff»: La autobiografía que acabó con su carrera
El carácter volcánico e indomable de Harald Schumacher no se limitaba únicamente a los terrenos de juego. En 1987, siendo todavía futbolista en activo, el guardameta publicó una polémica autobiografía titulada «Anpfiff» (traducida al español como «Pitido inicial«).
El libro provocó un auténtico terremoto político e institucional en el deporte alemán, rompiendo los estrictos códigos de silencio de cualquier vestuario. Schumacher reveló de forma explícita el uso sistemático de sustancias dopantes, anfetaminas y abusos de medicamentos en la Bundesliga y en las concentraciones de la selección nacional. Además, detalló con pelos y señales las noches de juerga, alcohol y presencia de prostitutas en las concentraciones de Alemania durante los Mundiales de 1982 y 1986 señalando a compañeros, entrenadores y directivos de la Federación.
Las consecuencias de la publicación no se hicieron esperar. La directiva de su club, el Colonia, le rescindió el contrato de forma inmediata tras quince años de servicio a la entidad. De igual manera, Franz Beckenbauer, seleccionador en aquel entonces, le expulsó definitivamente del equipo nacional. El futbolista más odiado por rivales lo era ahora también por sus propios compatriotas.
Sin embargo, lo que sí pudimos ver en el libro fue el arrepentimiento por su acción con Battiston. En sus páginas admitió que su comportamiento en Sevilla fue un error gravísimo y confesó que su actitud indiferente (mascando chicle y dando toques al balón) fue una reacción de cobardía y pánico al ver las consecuencias de su acción. También reconoció que sus declaraciones posteriores fueron estúpidas y desafortunadas.
La relación de Schumacher y Battiston se normalizó por completo con el paso de los años. Ambos coincidieron en distintos actos de la FIFA mostrándose afectuosos. El exfutbolista francés declaró en numerosas entrevistas que había perdonado totalmente a su rival y que no le guardaba ningún rencor, dando el caso totalmente por cerrado.
Imagen principal: Schumacher en un partido con el Colonia. Foto: Rob Croes /Anefo /Nationaal Archief (CCo).

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




