La historia de la Copa del Mundo está llena de proezas y hazañas deportivas. En este artículo nos vamos a centrar en los futbolistas que marcaron más goles en un partido. Un selecto grupo de siete jugadores que grabaron su nombre con letras de oro en la competición más importante del planeta.
Oleg Salenko (Rusia, 5 goles)
El delantero ruso Oleg Salenko ostenta en solitaria posesión el récord absoluto de más goles anotados en un único partido en la historia de las Copas del Mundo.
Esta hazaña irrepetible se produjo durante la fase de grupos del Mundial de Estados Unidos 1994, el 28 de junio, en el estadio Stanford de California. Rusia llegaba a la última jornada del Grupo B eliminada tras haber cosechado derrotas previas ante Brasil y Suecia, mientras que su rival, la selección de Camerún, aún mantenía remotas opciones de clasificación. En una tarde inspiradísima, Salenko destrozó a la defensa africana marcando cinco goles en los minutos 14, 41, 44 (de penalti), 72 y 75, liderando una aplastante victoria por 6-1.
Lo deslumbrante de la gesta de Salenko radica no solo en la cantidad de tantos, sino en el impacto que tuvo para su trayectoria personal en el torneo. Pese a que la selección rusa quedó eliminada en esa misma primera fase, los cinco goles anotados ante Camerún, sumados al penalti que ya había convertido frente a Suecia, elevaron su cuenta a seis dianas. Esto le sirvió para compartir la Bota de Oro del Mundial de 1994 junto al astro búlgaro Hristo Stoichkov.
Ernest Wilimowski (Polonia, 4 goles)
El atacante polaco Ernest Wilimowski protagonizó una de las actuaciones individuales más memorables y trágicas de las primeras décadas del fútbol mundial durante la Copa del Mundo de Francia 1938.
El 5 de junio, en el estadio Meinau de Estrasburgo, las selecciones de Polonia y Brasil se enfrentaron en la primera ronda del torneo en un choque que pasaría a la historia por su frenético ritmo anotador bajo una lluvia torrencial. Wilimowski, con apenas 21 años y dotado de una habilidad técnica prodigiosa, puso en jaque constante a la zaga brasileña al marcar cuatro goles (en los minutos 53, 59, 89 y 118), convirtiéndose en el primer futbolista de la historia en anotar un póker en una cita mundialista.
A pesar de la formidable exhibición de Wilimowski, la gesta no bastó para evitar la eliminación de su país. El choque se resolvió en la prórroga con un abultado marcador favorable a los sudamericanos por 6-5, impulsados por los tres goles del legendario Leonidas da Silva.
No obstante, la hazaña del ariete polaco adquirió un tinte épico: marcarle cuatro goles a una potencia incipiente como Brasil en un solo encuentro de octavos de final garantizó a Wilimowski un lugar eterno en los anales del fútbol mundial, siendo recordado como el pionero de los grandes goleadores de los Mundiales.
Ademir Marques de Menezes (Brasil, 4 goles)
En la Copa del Mundo de Brasil 1950, la selección anfitriona desplegó un juego ofensivo arrollador que encandiló a sus aficionados antes del fatídico Maracanazo. El pilar indiscutible de aquel ataque fue Ademir Marques de Menezes, conocido simplemente como Ademir, quien tuvo su actuación cumbre el 9 de julio de 1950 en el icónico estadio Maracaná de Río de Janeiro.
En el primer partido de la fase final cuadrangular, Brasil se midió a la potente selección de Suecia en un ambiente festivo. Ademir ofreció una auténtica lección de remate y desmarque al anotar cuatro de los siete goles con los que su selección aplastó al cuadro escandinavo por un rotundo 7-1, marcando en los minutos 17, 36, 52 y 58.
La exhibición de Ademir reafirmó su condición de máximo referente ofensivo de la competición y desató la euforia de la hinchada brasileña, que veía a su equipo lanzado hacia el primer título mundial de su historia.
Aunque el torneo terminaría con la dolorosa derrota frente a Uruguay en el partido decisivo, el póker de Ademir ante Suecia contribuyó decisivamente a que finalizara la cita como el máximo goleador del torneo con ocho tantos.
Sándor Kocsis (Hungría, 4 goles)
La legendaria selección de Hungría de los años 50, protagonizó uno de los despliegues ofensivos más dominantes de la historia de los Mundiales durante la edición de Suiza 1954.
Al frente de aquel demoledor ataque se encontraba Sándor Kocsis, un ariete célebre por su remate de cabeza impecable y su letal eficacia dentro del área. El 20 de junio de 1954, en la fase de grupos disputada en Basilea, Hungría midió sus fuerzas contra la selección de Alemania Federal. En un partido que terminó con un impactante 8-3 a favor de los húngaros, Kocsis firmó una actuación memorable al anotar cuatro goles en los minutos 3, 21, 69 y 78.
Aquel póker desnudó las carencias defensivas del conjunto alemán, aunque el destino guardaría una paradoja histórica, ya que ambas selecciones volverían a verse las caras semanas después en la famosa final conocida como el «Milagro de Berna«.
No obstante, la exhibición de Kocsis en la primera fase sirvió para consolidar su promedio goleador estratosférico en el torneo. El atacante cerró su participación en Suiza 1954 con la escalofriante cifra de 11 goles en apenas cinco partidos, proclamándose máximo realizador del Mundial.

Just Fontaine (Francia, 4 goles)
El delantero francés Just Fontaine ostenta el récord indiscutible de más goles anotados en una sola edición de la Copa del Mundo, alcanzando la astronómica cifra de 13 tantos en el Mundial de Suecia 1958.
La cúspide de su rendimiento individual llegó el 28 de junio de 1958 en el estadio Nya Ullevi de Gotemburgo, durante el partido por el tercer puesto que enfrentó a Francia contra la selección de Alemania Federal, campeona defensora. En un enfrentamiento abierto y puramente ofensivo, Fontaine desarticuló por completo a la zaga germana al anotar cuatro goles (en los minutos 16, 36, 78 y 89), guiando a Les Bleus a un histórico triunfo por 6-3.
El póker conseguido frente a los alemanes coronó una actuación mundialista irrepetible para el atacante nacido en Marrakech. Con sus goles, Fontaine garantizó no solo la medalla de bronce para la selección francesa, sino también una marca de 13 dianas que, más de seis décadas después, continúa pareciendo inalcanzable para cualquier futbolista en una única cita mundialista.

Eusébio (Portugal, 4 goles)
En el Mundial de Inglaterra 1966, la selección de Portugal debutó en la gran cita del fútbol internacional liderada por la extraordinaria figura de Eusébio da Silva Ferreira, la «Pantera Negra».
El 23 de julio de 1966, en los cuartos de final disputados en el estadio Goodison Park de Liverpool, Portugal se enfrentó a la sorpresiva selección de Corea del Norte en uno de los partidos más dramáticos de la historia de los Mundiales. El conjunto asiático conmocionó al mundo al ponerse con una ventaja de 0-3 en los primeros 25 minutos del choque, dejando a los portugueses al borde de una eliminación humillante.
Fue en ese momento crítico cuando emergió la majestuosa figura de Eusébio. Con una exhibición de potencia física, velocidad y disparo demoledor, el astro portugués asumió la responsabilidad de la remontada y anotó cuatro goles consecutivos entre los minutos 27 y 59 (dos de ellos mediante lanzamientos de penalti).
Portugal dio la vuelta al marcador para terminar ganando por 5-3 y sellar su pase a las semifinales. La gesta de Eusébio ante Corea del Norte no solo salvó a su equipo de una derrota histórica, sino que lo encumbró como la gran estrella de aquel Mundial, del cual terminó siendo el máximo goleador con nueve tantos.
Emilio Butragueño (España, 4 goles)
La última gran exhibición de cuatro goles en un solo partido de una Copa del Mundo tuvo acento español y aconteció en el Mundial de México 1986.
El 18 de junio de 1986, en el estadio Corregidora de Querétaro, la selección española se midió a Dinamarca en los octavos de final. El conjunto danés, llegaba como uno de los grandes favoritos del torneo tras haber maravillado en la primera fase. Sin embargo, España, capitaneada en el ataque por Emilio Butragueño, transformó lo que se preveía como un duelo igualado en una noche idílica para el fútbol español.
«El Buitre», aprovechando su picardía, intuición en el área y rapidez mental, desarmó por completo a la defensa danesa. Butragueño anotó cuatro goles en los minutos 43, 56, 80 y 89, liderando una goleada monumental por 5-1.
La actuación de Butragueño en Querétaro dio la vuelta al mundo y catapultó a la Roja a los cuartos de final, quedando registrada como una de las actuaciones individuales más determinantes y recordadas en las fases eliminatorias de la historia reciente de las Copas del Mundo.
Imagen principal: Ernest Wilimowski, quinto empezando por la izquierda, en la formación titular de Polonia en el Mundial de 1938. Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público.

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




