La historia de la Copa del Mundo está repleta de hazañas memorables, pero existe una que permanece inalterable desde el Mundial de México 1970. En aquel torneo, considerado por muchos como el punto álgido del fútbol romántico, la selección de Brasil maravilló al planeta con un juego coral inolvidable. Sin embargo, dentro de aquella constelación de estrellas donde Pelé ejercía de líder, un futbolista logró un hito individual que prevalece en la actualidad. Su nombre: Jair Ventura Filho, universalmente conocido como Jairzinho.
El extremo derecho del Botafogo logró marcar al menos un gol en todos y cada uno de los partidos disputados por su selección durante el torneo. Este hecho sirvió para coronar a la Seleção y para sellar un récord que, más de medio siglo después, sigue pareciendo inalcanzable por su exigencia y formato.
Para entender la magnitud de Jairzinho en los Mundiales, es necesario viajar en el tiempo, aclarar los mitos de su registro y analizar su trayectoria completa en la máxima competición del fútbol mundial.
El récord de Jairzinho, Fontaine y Ghiggia
A menudo existe el error común de afirmar que Jairzinho es el único futbolista que ha logrado ver puerta en todos los encuentros de una Copa del Mundo. La realidad histórica es más rica y nos obliga a rescatar a otros dos gigantes del pasado: el uruguayo Alcides Ghiggia en 1950 y el francés Just Fontaine en 1958. Sin embargo, la gesta del brasileño guarda un matiz diferencial que lo sitúa un escalón por encima de ellos.
En el Mundial de Brasil 1950, el mítico Alcides Ghiggia logró batir a todos los porteros rivales en los cuatro partidos que disputó la selección charrúa (frente a España, Suecia y los dos duelos contra Bolivia y Brasil, incluido el célebre Maracanazo).
Ocho años más tarde, en Suecia 1958, el implacable Just Fontaine firmó su récord histórico de 13 goles anotando en las seis citas que disputó con Francia, aunque el combinado galo no llegó a la gran final al caer en semifinales y tener que conformarse con el partido por el tercer puesto.
¿Dónde radica entonces la exclusividad de Jairzinho? El «Huracán» completó la machada en un torneo moderno de siete partidos de máxima exigencia. Brasil tuvo que superar una fase de grupos completa y tres rondas de eliminación directa (cuartos, semifinales y final).
El extremo brasileño no se saltó ninguna cita: castigó a las siete defensas que se cruzaron en su camino y, a diferencia de Fontaine, coronó su racha perfecta levantando el trofeo de campeones del mundo en el Estadio Azteca. Marcó siete goles en siete partidos para la eternidad.
Inglaterra 1966: El amargo debut
El debut de Jairzinho en la Copa del Mundo no presagiaba la gloria que alcanzaría cuatro años más tarde. En 1966, Brasil viajó a Inglaterra con la vitola de bicamepona mundial tras los éxitos de Suecia 1958 y Chile 1962. Sin embargo, la preparación fue caótica y el ambiente interno estuvo plagado de tensiones federativas y cambios generacionales mal gestionados.
Jairzinho, con apenas 21 años, llegó a la cita inglesa como una de las grandes promesas del fútbol sudamericano. El problema principal radicaba en su posición sobre el césped. Su hábitat natural era la banda derecha, el mismo carril que seguía perteneciendo por derecho divino al legendario Mané Garrincha. Para poder encajar al joven talento en el once titular, el seleccionador Vicente Feola tomó una decisión salomónica pero tácticamente perjudicial: desplazar a Jairzinho a la banda izquierda.
El experimento fue un fracaso absoluto. Incómodo con el perfil cambiado y contagiado por el colapso físico y táctico de una Brasil envejecida, Jairzinho pasó completamente desapercibido. Disputó los tres partidos de la fase de grupos frente a Bulgaria, Hungría y Portugal, pero no logró anotar ningún tanto. La prematura eliminación de la campeona en la primera fase supuso un trauma nacional, pero para el joven extremo fue una lección sobre la exigencia del fútbol europeo y los ritmos de un Mundial.
México 1970: El Mundial perfecto
Cuatro años después, el escenario cambió por completo. Con la retirada internacional de Garrincha, Jairzinho heredó el dorsal número 7 y regresó a su banda derecha natal. El nuevo seleccionador, Mário Zagallo, diseñó un sistema revolucionario basado en la acumulación de talento, alineando simultáneamente a cinco futbolistas que lucían el número 10 en sus respectivos clubes: Pelé, Tostão, Rivellino, Gérson y el propio Jairzinho.
Aquel equipo no solo jugaba bien, sino que poseía una potencia física demoledora. Jairzinho, rebautizado como «O Furacão» (El Huracán) por su velocidad y potencia en el regate, comenzó su racha histórica el 3 de junio de 1970 en el Estadio Jalisco de Guadalajara.
- Brasil 4 – 1 Checoslovaquia: En el debut, Jairzinho anotó un doblete de pura potencia, desbordando por velocidad a la defensa europea.
- Brasil 1 – 0 Inglaterra: En el partido más táctico del torneo, resolvió el encuentro tras recibir una asistencia sutil de Pelé dentro del área, batiendo al mítico Gordon Banks.
- Brasil 3 – 2 Rumanía: Cerró la fase de grupos con un gol acrobático adelantándose al portero rumano.
- Brasil 4 – 2 Perú: En los cuartos de final, batió a Luis Rubiños tras una brillante jugada colectiva en una segunda parte vibrante.
- Brasil 3 – 1 Uruguay: En semifinales, espantó los fantasmas del Maracanazo anotando el gol de la remontada tras una espectacular carrera al contragolpe.
- Brasil 4 – 1 Italia: La apoteosis final en el Estadio Azteca. En el minuto 71, aprovechó un balón bajado con el pecho por Pelé para empujar el esférico a la red y certificar el tercer gol brasileño.

Alemania 1974: El líder de la dura transición
Tras tocar el cielo en México, el Mundial de Alemania 1974 presentó un desafío completamente distinto. Brasil ya no contaba con Pelé, Tostão ni Gérson. La responsabilidad de liderar a la campeona recayó directamente sobre los hombros de Jairzinho y Rivellino, en un torneo donde el fútbol mundial estaba sufriendo una metamorfosis hacia un estilo mucho más físico y táctico, encarnado por la «Naranja Mecánica» de los Países Bajos.
Jairzinho ya no disfrutaba de la frescura de 1970, y las defensas europeas le aplicaron marcajes individuales férreos desde el primer minuto. A pesar de las dificultades creativas del equipo, el «7» tiró de veteranía y orgullo. En la segunda fase del torneo, anotó el gol de la victoria frente a Alemania Oriental (1-0) y volvió a ver puerta en el decisivo triunfo ante Argentina (2-1).
Sin embargo, el sueño del bicampeonato se desvaneció en el partido definitivo del grupo de semifinales, donde la Holanda de Johan Cruyff superó a los sudamericanos por 2-0 en un duelo de extrema dureza. Brasil terminó disputando el partido por el tercer puesto, perdiendo 1-0 ante la sorprendente Polonia de Grzegorz Lato.
De esta forma, Jairzinho se despidió de las Copas del Mundo con un cuarto puesto y dos goles más en su cuenta particular, demostrando que seguía siendo un futbolista competitivo en los escenarios más hostiles.

El legado de Jairzinho: Un extremo irrepetible
El balance final de Jairzinho en sus tres participaciones mundialistas es demoledor: 16 partidos disputados, 9 goles anotados y un título de campeón del mundo. Su promedio goleador y su capacidad para aparecer en los momentos de máxima presión lo convierten en uno de los atacantes más efectivos de la historia del torneo.
Lo que hace verdaderamente grande el récord de Jairzinho en 1970 es haber superado los registros de Ghiggia y Fontaine bajo las reglas de un torneo más largo y competitivo. El «Huracán» de Botafogo sopló con una constancia que nadie ha podido igualar en el fútbol moderno, dejando una huella imborrable y un listón tan alto que sigue desafiando el paso de las décadas en la historia de la Copa del Mundo.
Imagen principal: Jairzinho, leyenda del fútbol brasileño. Foto: Acervo Arquivo Nacional / Dominio Público.

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




