El fútbol es, a menudo, un deporte de paradojas. Los números dicen una cosa, pero la realidad táctica dicta otra muy distinta. En la historia de las Copas del Mundo, pocos casos han ejemplificado mejor esta máxima que el de Olivier Giroud durante la edición de Rusia 2018. Mientras los libros de estadísticas reflejan un dato difícil de creer para un delantero centro, la historia del fútbol francés lo guarda como una pieza angular de su segunda estrella mundialista.
Olivier Giroud: Máximo goleador histórico de Francia
Antes de entrar de lleno en la anomalía de 2018, es imperativo entender quién es Olivier Giroud dentro del ecosistema del fútbol mundial. Durante años, fue un jugador subestimado, a menudo ensombrecido por delanteros más rápidos, técnicos o mediáticos. Sin embargo, su trayectoria con la selección francesa ha sido una lección de perseverancia, profesionalismo y eficiencia.
Con el paso de las temporadas, el «9» galo fue escalando peldaños hasta alcanzar la cima más alta: convertirse en el máximo goleador histórico de Francia, superando a leyendas de la talla de Thierry Henry. Este hito no es fruto de la casualidad, sino de una capacidad innata para posicionarse, jugar de espaldas y conectar con sus compañeros, independientemente de si el sistema de juego giraba a su alrededor o si él era el encargado de crear el espacio para que otros brillaran.
Su legado en el equipo nacional es una narrativa de redención. Desde su debut, ha tenido que convivir con críticas feroces, con sectores de la prensa francesa que cuestionaban su valía por no encajar en el perfil clásico de delantero regateador. No obstante, ahí donde otros se habrían rendido, él respondió con goles, trabajo sucio y un compromiso inquebrantable que lo llevó a ser fundamental tanto en la conquista de Rusia 2018 como en el ciclo exitoso que culminó con el subcampeonato en Qatar 2022, donde precisamente se desquitó de cualquier sequía anterior.
Rusia 2018: Campeón sin tirar a puerta
El Mundial de Rusia 2018 supuso un antes y un después en la percepción táctica de Olivier Giroud. Francia llegaba con una constelación de estrellas: Griezmann, Mbappé, Pogba, Kanté… Un elenco ofensivo de ensueño. En este esquema, Deschamps tenía claro que necesitaba un perfil de jugador que permitiera al equipo respirar, que peleara cada balón largo y que fijara a los centrales. Ese hombre era Olivier Giroud.
Durante el torneo, el delantero fue titular indiscutible en los siete partidos que disputó Francia. Jugó un total de 546 minutos. Fue el vértice del ataque de un campeón del mundo. Y, sin embargo, los datos arrojaron una cifra que ha pasado a la posteridad como uno de los registros más curiosos y, por qué no decirlo, increíbles del fútbol moderno: no marcó un solo gol y, más sorprendente aún, no registró ni un solo tiro a puerta entre los tres palos en todo el campeonato.
Es importante desglosar esto para no caer en el error de la crítica superficial. Que un delantero no dispare a puerta en siete partidos parece una sentencia de fracaso. Pero veamos los hechos: Olivier Giroud realizó 11 intentos de remate. Algunos fueron bloqueados por defensas rivales en el último segundo; otros se marcharon rozando el poste o por encima del travesaño tras disputas aéreas complicadas. No fue una falta de voluntad, sino una consecuencia del rol que asumió.
Deschamps le pidió ser el pararrayos. En un equipo con Mbappé y Griezmann, el «9» tenía que ser el jugador que arrastrara marcas, que ganara los duelos aéreos en los saques de puerta del portero rival (algo fundamental ante equipos que presionaban alto) y que jugara de espaldas para descargar hacia las bandas. Giroud aceptó este rol secundario en cuanto a brillo estadístico, pero protagonista en cuanto a efectividad táctica.

La importancia del «trabajo invisible»
¿Cómo puede una selección ganar un Mundial con su delantero centro titular en esa dinámica? La respuesta es la cohesión. El fútbol no es solo acumulación de datos individuales; es un engranaje. En 2018, la presencia de espigado delantero permitía a Griezmann moverse con libertad por detrás de la línea de presión, mientras que Mbappé aprovechaba los espacios que generaba el juego de contacto del delantero.
Aquel registro de 2018 es un monumento al sacrificio. En los octavos de final contra Argentina, un partido de alta tensión, fue precisamente Giroud quien asistió a Mbappé. Fue una acción que definió su torneo: cuando el balón cayó en sus pies, en lugar de intentar un tiro forzado desde una posición compleja, tuvo la calma de abrir a la banda, facilitando el desborde y la superioridad numérica.
En la final contra Croacia, más de lo mismo. Estuvo allí, presionando, peleando, siendo un problema constante para Lovren y Vida, los centrales croatas, que nunca pudieron relajarse porque Olivier Giroud no les daba un respiro. Aunque su nombre no apareciera en los marcadores de los goles, su nombre sí aparecía en la lista de campeones del mundo.
Una lección para el fútbol mundial
El caso de Olivier Giroud en 2018 sirve también como una crítica necesaria a la forma en que consumimos el fútbol. A menudo, nos dejamos llevar por la tiranía de los números: goles, asistencias, pases completados. Si un jugador no entra en esas categorías, el veredicto suele ser negativo. Pero el fútbol, como bien demostró esta Francia de Deschamps, es mucho más.
Años después, Olivier Giroud ha demostrado ser mucho más que una anécdota. Se convirtió en el máximo goleador de Francia, demostrando que su capacidad goleadora nunca estuvo en duda, solo que en 2018, por necesidades del guion, le tocó ser el arquitecto de la gloria ajena.
En conclusión, el «récord» de 2018 no debe ser visto como un estigma, sino como una medalla de honor. Pocos delanteros en la historia habrían tenido la humildad y la inteligencia táctica de anteponer el éxito colectivo a sus propios números. Olivier Giroud es, ante todo, un jugador de equipo. Y aunque aquel Mundial no le regaló el premio de la red, le entregó el trofeo más preciado de todos: la Copa del Mundo.
Ese año aprendimos que, en ocasiones, el delantero más peligroso no es el que marca los goles, sino el que los hace posibles, incluso sin tirar una sola vez entre los tres palos. Una historia que, con el paso del tiempo, se vuelve más increíble y más necesaria de recordar.
Imagen principal: Giroud en un partido del Mundial de 2018. Foto: Антон Зайцев / Soccer.ru / CC BY SA 3.0

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




