Entrada del Alemania-Austria del Mundial 82.

Alemania-Austria del Mundial 82: El día que me estafaron 300 pesetas

Hay partidos que pasan a la historia del fútbol por cuestiones ajenas a lo deportivo, el Alemania-Austria del Mundial de 1982 fue uno de ellos. Lo recuerdo bien. Mi padre nos había comprado a mi hermano Coque y a mí el lote de entradas que se había sacado a la venta para los tres encuentros que el mundial tuvo a bien disputar en el estadio decano del fútbol español: El Molinón

Alemania-Austria: El pacto de Gijón

Recuerdo perfectamente el colorido con el que las aficiones, especialmente la alemana, inundaron las calles de la ciudad y el estadio en aquellos días. Por supuesto, también los tres encuentros vividos en el municipal gijonés. Muy especialmente el que presenciamos el 25 de junio, junto a otros cuarenta y un mil espectadores (entre ellos ocho mil alemanes y algo más de un millar de austriacos), el pacto vergonzante de Alemania y Austria.

La historia es sobradamente conocida por los aficionados al fútbol. En la última jornada de la primera fase mundialista, alemanes y austriacos se enfrentaban en un partido en el que la victoria germana por un gol de diferencia clasificaba a ambos. Y, claro, ese fue el resultado final.

Después del encuentro, el defensa germano Hans-Peter Briegel trató de justificar el resultado ante la televisión de su país: “Con el 1-0 hubo una especie de pacto de no agresión, porque los dos equipos estaban clasificados. Era como un acuerdo tácito en un determinado momento del partido. Esto ocurre en competiciones de muchos deportes. Pero no sé trató de un acuerdo» Sin embargo, años después fue mucho más tajante: «Solo me puedo disculpar ante los argelinos, porque habían merecido clasificarse para la segunda fase”.

En la misma línea se manifestó el austriaco Walter Schachner, uno de los pocos futbolistas que no participó en el amaño, en una entrevista concedida a un diario de su país: “En el descanso hubo el acuerdo entre los jugadores de mantener el 1-0, pero yo no me enteré. Por eso estaba desesperado en el campo. No entendía cómo Krankl, nuestro delantero, se colocaba de líbero y los compañeros dejaron de pasarme el balón”.

Horst Hrubesch, el delantero centro autor del gol alemán también reconoció el pacto sellado en el descanso del encuentro: “Krankl entró en nuestro vestuario y nos pidió que dejáramos el resultado tal y como estaba, 1-0 que nos clasificaba a los dos, aceptamos y me arrepiento mucho de ello”.

El mayor tongo de la historia de los Mundiales

Del partido en sí no hay mucho que decir. El único gol del encuentro se anotó en el minuto diez y a partir de ahí, los ataques de uno y otro fueron perdiendo fuerza conforme pasaban los minutos hasta la conclusión del anodino primer tiempo. El segundo periodo fue aún peor. El descaro del amaño fue de tal calibre que el público, mayoritariamente gijonés, comenzó a gritar “Sporting, Sporting”, “tongo. tongo” y “que se besen”.

Algunos aficionados argelinos allí presentes, lanzaban monedas y billetes al terreno de juego, mientras que los animosos seguidores alemanes cesaron también de cantar y animar y muchos de ellos se agolparon en las cantinas del estadio, fundamentalmente en la del fondo sur, optando exclusivamente en la ingesta de cerveza y olvidándose del encuentro.

También recuerdo a más de uno pidiendo perdón con las manos. El trascurso del encuentro provocaba sonrojo en los aficionados de una selección acostumbrada a escribir páginas gloriosas en la historia del fútbol. Eberhard Stanjek periodista de la cadena televisiva ARD se negó a seguir narrando el segundo tiempo por la actitud de ambas selecciones y la retrasmisión cerró los últimos treinta minutos del encuentro sin comentario alguno, con un atronador silencio.

Al término del partido, algunos aficionados -en su gran mayoría españoles, pero con la presencia de algún argelino- acudieron a abuchear a los futbolistas germanos, que se alojaban en el Hotel Príncipe de Asturias, muy cercano a El Molinón, Algunas fuentes hablan de medio millar y otras de más de mil. Sinceramente, la noticia de la concentración de protesta corrió de boca en boca y nos acercamos por allí para ver qué se cocía. Mi recuerdo se acerca más a la primera opción que a la segunda. En cualquier caso, allí., los aficionados más vehementes pudieron desahogar su rabia contra los, hasta entonces, admirados futbolistas alemanes.

Se arrojaron huevos contra la fachada del hotel, uno de ellos alcanzó al capitán alemán Paul Breitner, y el guardameta Schumacher acabó lanzando agua a los indignados seguidores que recriminaban el bochornoso papelón del encuentro. Un colofón para un partido vergonzoso.

Al día siguiente, el diario local El Comercio llevó la crónica del partido a la sección de sucesos, con un titular del todo explícito: “Unas cuarenta mil personas, presuntamente estafadas en El Molinón por veintiséis súbditos alemanes y austriacos”. Para ese día estaba prevista la entrega del trofeo al máximo goleador del grupo (patrocinado por el Ayuntamiento de Belmonte) que fue Karl-Heinz Rummenigge. Sin embargo, el delantero alemán envió una nota de prensa, pidiendo perdón por no recogerlo, en vista de la “polémica” suscitada en el encuentro.

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Años después reconocería que no lo hizo por pura vergüenza. La misma que sintieron diecinueve aficionados alemanes presentes en El Molinón y que enviaron una carta dirigida al entonces alcalde José Manuel Palacio, pidiendo disculpas a la ciudad de Gijón.

El único aspecto positivo del encuentro fue que bochornoso partido propició que la FIFA cambiase la normativa para evitar que se repitieran amaños semejantes. A partir de aquella confrontación, todos los encuentros de las últimas jornadas de las fases de grupos pasarían a disputarse de forma simultánea. De todo se aprende.

Si esta historia te ha gustado, no te pierdas mi artículo sobre El debut de Maradona en el Mundial 82.

Imagen principal: Entrada original del Alemania-Austria del Mundial de España 82. Foto: Adrián Amandi.