El Mundial de 1974 tuvo una de las rivalidades más grandes: Johan Cruyyf y Franz Beckenbauer.

Mundial de Alemania 1974: Johan Cruyff contra Franz Beckenbauer

La historia del fútbol tiene un antes y un después con el Mundial de Alemania 1974. Aquel torneo supuso un punto de inflexión que cambió lo establecido hasta el momento en el deporte rey. Un equipo liderado por el irrepetible Johan Cruyff creó una nueva forma de jugar que revolucionó el juego para siempre. Aunque no logró ganar, ya nada volvió a ser como antes.

La Naranja Mecánica y el Fútbol Total

La selección de Países Bajos (por aquel entonces más conocida como Holanda) fue la auténtica sensación de aquel torneo disputado en Alemania Occidental. Nadie esperaba que aquel grupo de ‘melenudos con patillas’ tuviera un impacto tan fuerte en la historia del fútbol.

Dirigidos por el técnico Rinus Michels y liderados por su capitán Johan Cruyff, los neerlandeses sorprendieron a todo el mundo con el llamado «Fútbol Total» en el que todos los jugadores atacaban y defendían al unísono. Lo mismo podíamos ver a un lateral sumarse al ataque como a un delantero bajar a defender. Cuando un compañero abandonaba su zona, otro ocupaba su lugar en una coreografía perfecta de presión alta y movilidad constante.

Pero si por algo se caracterizaba la «Naranja Mecánica«, como fue bautizada aquella selección, era por priorizar la posesión de balón por encima de todo: «Mientras tengamos el balón es imposible que nos marquen gol», era una de las frases más célebres de Johan Cruyff cuando se convirtió en entrenador del FC Barcelona. Este concepto nació, sin duda, en ese Mundial de Alemania 1974.

Con todo esto, Holanda fue destrozando rivales de camino a la final. En la primera fase venció a Uruguay (2-0) y Bulgaria (4-1) y únicamente cedió un empate contra Suecia. Fue en la segunda fase donde realmente dieron un golpe sobre la mesa y demostraron que iban muy en serio. Primero pasaron por encima de Argentina (4-0) y posteriormente no dieron ninguna opción a Brasil, vigente campeón, al que vencieron por un claro dos a cero.

La selección Oranje con Cruyff a los mandos y secundarios de lujo como Neeskens, era la auténtica revelación del torneo. La camiseta con el ’14’ a la espalda se convirtió en un icono eterno.

Selección de Holanda 1974, la Naranja Mecánica, una de las mejores selecciones de la historia de los Mundiales.
La selección de los Países Bajos en el Mundial de 1974. (Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público).

El Káiser de Alemania Federal

Mientras la Naranja Mecánica enamoraba a los espectadores, la selección de Alemania Federal simplemente cumplía y sobrevivía en el torneo.

Si Cruyff era el artista revolucionario, Franz Beckenbauer era el arquitecto imperial. El Káiser había redefinido la posición de líbero: ya no era el último hombre que se limitaba a despejar balones y corregir errores de los centrales, sino el primer organizador del equipo que salía jugando con la cabeza alta.

A diferencia de los holandeses, Alemania tuvo que sufrir para llegar a la final del torneo. Primero lograron una victoria muy ajustada contra Chile en su debut (1-0), antes de golear a la débil Australia (3-0). Sin embargo, su gran decepción llegó en el último encuentro de la primera fase cuando los federales sufrieron una humillante derrota ante sus vecinos de Alemania Oriental (1-0) con un histórico gol de Jürgen Sparwasser.

Esa derrota, en un partido con claros tintes políticos, fue el gran aviso para el equipo anfitrión que, a partir de ese momento, comenzó a mejorar en su rendimiento con futbolistas que dieron un paso al frente como Gerd Müller, Paul Breitner o el guardameta Sepp Maier.

De esta forma llegaron las convincentes victorias contra Yugoslavia (2-0) y Suecia (4-2). De esta forma llegó el partido definitivo contra Polonia en un choque que, quizás, no debió jugarse debido a que el terreno de juego estaba totalmente encharcado por la fuerte lluvia caída sobre Frankfurt. Los polacos, con su gran estrella Grzegorz Lato, eran un equipo muy técnico que acusó el estado del césped y fueron derrotados por los locales con un solitario gol de Müller (1-0).

Cruyff – Beckenbauer: El nacimiento de una rivalidad eterna

De esta forma, el 7 de julio de 1974, se dieron cita en el Olímpico de Múnich los dos finalistas. Un choque de estilos y una rivalidad que pasaría a la historia de los Mundiales. La Naranja Mecánica de Johan Cruyff contra la Alemania de Franz Beckenbauer.

El partido no pudo tener un comienzo más revelador. El conjunto neerlandés puso el balón en juego y durante más de un minuto los futbolistas vestidos de naranja fueron pasándose el esférico sin que sus rivales fueran capaces de tocarlo. Así, el cuero llegó a pies de Johan Cruyff que se adentró en el área y fue derribado. Penalti a favor de Países Bajos y gol de Neeskens.

Penalti anotado por Johan Neeskens en la final del Mundial de Alemania 1974.
Penalti anotado por Johan Neeskens en la final del Mundial de Alemania 1974. Foto: Bert Verhoeff / Anefo / Nationaal Archief (CCo) 

Holanda estaba por delante en el marcador sin que Alemania hubiera entrado en contacto con el balón. En entrevistas posteriores, el propio Cruyff reconoció que se sentían tan superiores y estaban tan convencidos de que iban a ser campeones que, justo eso, fue lo que les acabó condenando.

Los alemanes, fieles a su estilo, no se rindieron en ningún momento y gracias a un nuevo penalti transformado por Paul Breitner y otro gol de Gerd Müller, lograron una remontada histórica que dejó a Países Bajos sin un título que, seguramente, merecían.

La selección de Rinus Michels en aquel Mundial de Alemania 1974 nos dejó un legado eterno. La afirmación de que nadie se acuerda nunca del subcampeón, en este caso, no puede ser más errónea. Cruyff y los suyos dieron un auténtico recital de fútbol, un estilo de juego nunca antes visto. Pero se quedaron sin premio.

Curiosidades, sorpresas y ausencias del Mundial de Alemania 1974

Más allá de Cruyff o Beckenbauer, el Mundial de Alemania 1974 tuvo otras cosas dignas de mención:

– La Polonia de Lato: El equipo polaco fue la gran revelación del torneo. Con Grzegorz Lato como gran figura y máximo anotador (7 goles) y con otras estrellas como Deyna y Szarmach, Polonia se quedó a las puertas de la final. Eso sí, derrotó a Brasil en el partido por el tercer y cuarto puesto.

– El miedo de Zaire: La primera participación de un equipo del África subsahariana dejó imágenes curiosas, como la de Mwepu Ilunga saliendo de la barrera para chutar un balón antes que el rival en el partido contra Brasil. Detrás de la anécdota había una historia oscura: el dictador Mobutu había amenazado de muerte a los jugadores tras perder por 9-0 contra Yugoslavia.

– Ausencia de España: La selección española no logró clasificarse para el Mundial de Alemania 1974 tras perder un agónico partido de desempate contra Yugoslavia en Frankfurt (con el famoso gol de Katalinski). Esta fue la última vez que La Roja se quedó fuera de una Copa del Mundo.

Imagen principal: Johan Cruyff y Franz Beckenbauer se saludan antes de la final de 1974. Foto: Bert Verhoeff / Anefo / Nationaal Archief (CCo)