Pirlo y Xavi. Dos de los mejores centrocampistas de la historia.

Los mejores centrocampistas de la historia de los Mundiales

El centro del campo es el motor donde se deciden los partidos y se ganan los campeonatos. A lo largo de la historia de la Copa del Mundo, muy pocos futbolistas han tenido la capacidad táctica, el talento y la personalidad necesaria para dominar el ritmo del torneo más exigente del planeta. En este artículo, repasamos los mejores centrocampistas que han dejado una huella imborrable en los Mundiales.

Didi (Brasil)

Waldir Pereira «Didi» fue el cerebro táctico y el líder espiritual de los dos primeros mundiales conquistados por Brasil en Suecia 1958 y Chile 1962. En la cita de 1958, rodeado de figuras emergentes como Pelé y Garrincha, Didi fue galardonado con el Balón de Oro al mejor jugador del torneo gracias a su inigualable temple para manejar el ritmo de los partidos.

A nivel técnico, pasó a la posteridad como el inventor de la «folha seca«, un golpeo de falta en el que el balón cambiaba de trayectoria descendente de forma imprevista. Su tremenda inteligencia para leer los partidos permitía que el talento ofensivo de la «Canarinha» fluyera con total libertad y seguridad.

Nilton Santos y Didi, estrellas de Brasil en el Mundial de Chile 1962.
Didi, a la derecha, recupera un balón para Brasil en Chile 1962. Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público.

Bobby Charlton (Inglaterra)

El motor incombustible de la Inglaterra campeona de 1966 es uno de los grandes mitos del fútbol británico. Charlton destacaba por su tremenda potencia física, su visión periférica para distribuir el juego y un disparo con ambas piernas que aterrorizaba a los guardametas rivales. En el torneo disputado en su país, anotó tres goles fundamentales, incluidos los dos de la semifinal ante la Portugal de Eusébio.

Su elegancia dentro y fuera del terreno de juego lo convirtió en el eje sobre el cual giraba todo el sistema táctico inglés. Charlton combinaba el sacrificio defensivo británico con la creatividad del fútbol continental, dejando una huella imborrable a lo largo de las cuatro ediciones mundialistas en las que estuvo convocado.

Johan Cruyff (Países Bajos)

El genio neerlandés es la gran excepción de esta lista al ser el único integrante que no levantó el trofeo, pero su impacto en Alemania 1974 redefinió el fútbol para siempre. Como director de orquesta de la «Naranja Mecánica«, Cruyff jugaba libre: bajaba a iniciar la jugada entre los centrales, organizaba el juego en la medular y aceleraba en el último tercio del campo. Su despliegue representó la máxima expresión del «Fútbol Total«.

Su liderazgo técnico y táctico llevó a los Países Bajos a una final histórica y le valió el Balón de Oro del torneo. Cruyff demostró al mundo que se puede marcar una época dorada y transformar la historia de los mundiales sin necesidad de alzar la copa, influyendo en generaciones posteriores de mediocampistas.

Johan Cruyff en un partido del Mundial de 1974.
Cruyff en el Mundial de 1974. Foto: Bert Verhoeff / Anefo / Nationaal Archief (CC0).

Paul Breitner (Alemania)

Breitner fue un futbolista revolucionario y polivalente que marcó el ritmo de la Alemania Federal en la década de los 70 y principios de los 80. En el Mundial de Alemania 1974, actuando desde el centro del campo con una enorme capacidad de despliegue, anotó el trascendental gol de penalti que empataba la final ante la imponente selección de los Países Bajos, cimentando el camino al título.

Ocho años más tarde, en España 1982, volvió a liderar la medular de la selección germana hasta la final, donde volvió a marcar. Este hito lo convirtió en uno de los poquísimos futbolistas capaces de anotar en dos finales de la Copa del Mundo distintas, demostrando un carácter competitivo indomable y una llegada al área devastadora.

Diego Maradona (Argentina)

El astro argentino protagonizó en México 1986 la mayor exhibición individual que se recuerda en la historia de los mundiales. Partiendo desde la mediapunta con total libertad de movimientos, Maradona destrozó las defensas rivales con una mezcla inigualable de velocidad, regate y visión de juego. Su histórico partido de cuartos de final contra Inglaterra y sus dos goles en semifinales ante Bélgica guiaron a la Albiceleste hacia su segunda corona mundial.

Cuatro años más tarde, en Italia 1990, demostró su faceta más competitiva y sacrificada. A pesar de arrastrar graves problemas físicos en el tobillo, lideró con jerarquía a una Argentina diezmada hasta la gran final del torneo. Su capacidad para decidir partidos en un solo destello y su carisma en el campo lo sitúan indiscutiblemente en la cima del fútbol mundial.

La camiseta de Maradona contra Inglaterra, una pieza de colección.
Maradona festeja su gol anotado contra Inglaterra en México 86. Foto: El Gráfico / Dominio Público.

Lothar Matthäus (Alemania)

El centrocampista alemán es el sinónimo perfecto de la constancia, la longevidad y el despliegue físico en la Copa del Mundo, torneo en el que participó en cinco ediciones consecutivas. Su punto álgido llegó en Italia 1990, donde capitaneó a la selección de Alemania hacia el título. En esa edición, Matthäus desplegó un fútbol total, recuperando balones en campo propio y anotando cuatro goles cruciales gracias a su imponente llegada desde segunda línea.

A lo largo de sus 25 partidos mundialistas, evolucionó desde un mediocampista de ida y vuelta de tremenda fuerza física hasta un líbero organizador de una inteligencia táctica superior. Su capacidad para anular a las estrellas rivales y su poderoso disparo de larga distancia lo consolidan como un competidor legendario en la historia de la competición.

Zinédine Zidane (Francia)

«Zizou» es sinónimo de elegancia, control y apariciones en los momentos de máxima presión. En Francia 1998, se convirtió en el héroe nacional al anotar dos goles de cabeza en la final contra Brasil, otorgando a los «Bleus» el primer título mundial de su historia. Su fútbol de seda, basado en controles orientados perfectos y una visión de juego privilegiada, marcó una época dorada en el fútbol francés.

En Alemania 2006, en el que supuso el cierre de su carrera profesional, dio una auténtica cátedra de liderazgo futbolístico. Zidane firmó eliminatorias memorables ante España y Brasil, llevando a una Francia que no partía como favorita hasta la final. A pesar de su expulsión en la prórroga, se adjudicó el Balón de Oro del torneo, cerrando un ciclo mundialista impecable.

Andrea Pirlo (Italia)

El «Maestro» italiano convirtió el puesto de pivote organizador en una obra de arte. En Alemania 2006, Pirlo ofreció un recital táctico insuperable, siendo la pieza fundamental para que la «Azzurra» se coronase tetracampeona del mundo. Su clarividencia para lanzar pases largos rasgando las líneas defensivas rivales y su sangre fría en los momentos de máxima tensión le permitieron ganar el Balón de Bronce del torneo.

Pirlo fue elegido el jugador más valioso (MVP) en tres partidos clave de ese Mundial, incluida la exigente semifinal ante la anfitriona Alemania y la gran final contra Francia. Su golpeo de balón en jugadas a balón parado y su calma imperturbable bajo presión definieron el éxito del mediocampismo italiano en el siglo XXI.

Xavi Hernández (España)

El cerebro del «tiki-taka» cambió el paradigma del fútbol moderno desde el círculo central. En Sudáfrica 2010, Xavi Hernández lideró a la selección española hacia su primer título mundial imponiendo un estilo basado en la posesión, el control del espacio y la precisión milimétrica del pase. En ese torneo, completó más de 500 pases con un acierto cercano al 90%, dictando los tiempos de cada encuentro.

Su fútbol no dependía del físico, sino de una velocidad mental muy superior a la del resto. Xavi sabía exactamente dónde estaban sus compañeros y rivales antes de recibir el balón. Su capacidad para adormecer los partidos o acelerarlos con un pase entre líneas lo convierte en uno de los mejores centrocampistas de la historia de los mundiales.

Andrés Iniesta (España)

Socio idílico de Xavi, Iniesta aportaba el cambio de ritmo, la verticalidad y la magia en los metros finales del campo. Su Mundial en Sudáfrica 2010 fue una exhibición constante de cómo proteger el balón en espacios reducidos y romper defensas cerradas. El manchego grabó su nombre con letras de oro en la eternidad del fútbol al anotar el agónico gol en el minuto 116 de la prórroga de la final frente a los Países Bajos.

Su peso en el equipo fue absoluto tanto en las transiciones defensivas como en la generación de oportunidades de peligro. Iniesta apareció siempre en los momentos calientes de las citas mundialistas (2006, 2010, 2014 y 2018), demostrando una finura técnica y una templanza emocional al alcance de muy pocos elegidos.

Andrés Iniesta, uno de los mejores centrocampistas de la historia.
Andrés Iniesta, uno de los mejores centrocampistas de la historia. Foto: Hanson K Joseph / CC BY-SA 4.0

Otros centrocampistas legendarios de la Copa del Mundo

Reducir la lista a diez nombres deja fuera a futbolistas descomunales que también merecen una mención de honor en la historia de la competición. Entre los mejores centrocampistas que no podemos dejar fuera se encuentra Toni Kroos, el metrónomo alemán cuyo porcentaje de acierto en el pase rozó la perfección en Brasil 2014, guiando a la ‘Mannschaft’ al título.

Tampoco podemos olvidar a su eterno compañero a nivel de clubes, Luka Modrić, quien llevó a una combativa Croacia a una histórica final en 2018 ganando el Balón de Oro del torneo, y a unas semifinales en 2022.

En clave sudamericana, es obligatorio destacar a brasileños de la talla de Zico y Sócrates, directores de la mítica e inolvidable selección de España 1982 que, a pesar de no ganar, enamoró al planeta. Otros nombres importantes son los de Dunga, que conquistó el Mundial con Brasil en 1994 o Sergio Busquets, que hizo lo propio con España en 2010.

Imagen principal: Pirlo y Xavi en la final de la Eurocopa 2012. Foto: Илья Хохлов / Football.ua / CC BY-SA 3.0