El 13 de julio de 2014, el estadio Maracaná de Río de Janeiro asistió a uno de esos momentos más recordados en la historia de los Mundiales. En el minuto 113 de la final disputada con el cuchillo entre los dientes, el gol de Mario Götze quebró la resistencia de una encomiable selección argentina y elevó a Alemania a los altares del fútbol mundial por cuarta vez en su historia.
Aquella volea acrobática en plena prórroga no solo decidió un torneo colosal, sino que congeló las ilusiones de toda una generación albiceleste liderada por un Lionel Messi que acarició la gloria con la yema de los dedos, viéndose obligado a aplazar su gran sueño mundialista hasta la posterior redención en Catar 2022.
Alemania 2014: una máquina perfecta
Para comprender el desenlace de Brasil 2014 hay que mirar el trayecto de la Nationalmannschaft a lo largo de todo el torneo.
El combinado dirigido por Joachim Löw aterrizó en tierras sudamericanas con una mezcla perfecta de veteranía contrastada y una camada de jóvenes talentos formados en la revolucionaria renovación del fútbol alemán de la década anterior. Jugadores de la talla de Toni Kroos, Thomas Müller, Manuel Neuer, Philipp Lahm o Bastian Schweinsteiger conformaban una estructura táctica envidiable, capaz de triturar rivales a través de la posesión, la presión asfixiante y un rigor físico deslumbrante.
El punto de inflexión anímico y futbolístico de aquel campeonato llegó en las semifinales, cuando los germanos protagonizaron una de las páginas más impactantes de la historia de los mundiales al arrollar por 1-7 a la anfitriona Brasil en Belo Horizonte.
Aquella exhibición coral dejó claro que Alemania llegaba a la gran cita definitiva con una confianza indestructible, dispuesta a convertirse en la primera selección europea en conquistar un Mundial en suelo americano.
El papel de Mario Götze en 2014
Dentro de aquella constelación de futbolistas totales, la figura de Mario Götze vivía un momento de madurez precoz. Considerado desde su irrupción en el Borussia Dortmund de Jürgen Klopp como una de las mayores joyas del fútbol europeo, el mediapunta ofensivo encarnaba la elegancia, el desborde y la clarividencia en los últimos tres cuartos de campo.
Su fichaje posterior por el Bayern de Múnich consolidó su estatus mediático, aunque su rendimiento en el Mundial de Brasil experimentó ciertos altibajos de protagonismo bajo las exigencias tácticas de Löw.
Götze comenzó el torneo como titular indiscutible en la fase de grupos, aportando fluidez y desequilibrio, pero con el avance de las rondas eliminatorias y la reestructuración del centro del campo alemán, su participación en el once inicial se fue desvaneciendo en beneficio de jugadores de un perfil más físico y posicional. Sin embargo, el destino reservaba un guion cinematográfico para el joven talento de Memmingen.
La final en el Maracaná contra la Argentina de Messi
La gran final enfrentó a la apisonadora alemana con el ejercicio de resistencia táctica, coraje y orden defensivo que propuso Alejandro Sabella para Argentina.
La albiceleste, con un sector defensivo rocoso y un despliegue solidario formidable, supo neutralizar el caudal ofensivo de los europeos durante los noventa minutos reglamentarios. De hecho, el cuadro sudamericano dispuso de ocasiones clarísimas en las botas de Gonzalo Higuaín, Lionel Messi y Rodrigo Palacio para adelantarse en el marcador, pero la falta de acierto y la figura imponente de Manuel Neuer mantuvieron el empate a cero.
Con las fuerzas al límite, el desgaste físico haciendo mella en ambas escuadras y los fantasmas de la tanda de penaltis acechando en el horizonte, Joachim Löw recurrió al banquillo en el tramo final del tiempo añadido. En el minuto 88, Götze saltó al terreno de juego en sustitución de un agotado Miroslav Klose. Un cambio que resultaría definitivo.
El instante cumbre que truncó un sueño
Corría el minuto 113 de partido. André Schürrle desbordó con potencia por la banda izquierda tras una cabalgada incansable y sacó un centro medido al corbataje del área. Allí, suspendido en el aire, apareció Mario Götze. Amortiguó el esférico con el pecho de manera exquisita y, sin dejarlo caer al suelo, conectó una volea cruzada con la zurda que superó la estirada de Sergio Romero.
El balón besó la red, desatando la locura en el banquillo germano y dejando mudo a medio planeta fútbol. Aquel tanto fulminante destrozó las esperanzas de una Argentina que había bregado con el alma durante 120 minutos y que vio cómo el título se esfumaba por un detalle en el último suspiro.

Para Lionel Messi y los suyos supuso un golpe anímico desolador, una herida profunda que tardaría años en cicatrizar, obligando al astro rosarino a remar contra viento y marea durante casi una década hasta encontrar su ansiada revancha dorada en Catar 2022.
Una carrera llena de altibajos
Paradójicamente, aquel instante cumbre en Río de Janeiro marcó tanto el cénit absoluto como un punto de inflexión complejo en la trayectoria profesional de Götze. A nivel de clubes, su carrera posterior se vio enturbiada por una desafortunada combinación de lesiones musculares persistentes y la tremenda presión mediática de cargar perpetuamente con el peso de ser «el hombre que dio un Mundial a Alemania«.
Tras etapas intermitentes de regreso en el Borussia Dortmund, un paso revitalizante por el fútbol neerlandés en las filas del PSV Eindhoven y su posterior retorno a la Bundesliga con el Eintracht Fráncfort, Götze supo reinventarse como un centrocampista más maduro, inteligente y cerebral, despojándose de la urgencia del estrellato juvenil.
Con el paso de los años, el propio jugador ha reconocido en numerosas ocasiones que aquel gol cambió su vida de forma radical. Más allá de los altibajos sufridos en los terrenos de juego y de los vaivenes propios de una carrera profesional sometida al escrutinio implacable de la élite, el nombre de Mario Götze ya forma parte indiscutible de la mitología futbolística. Su zurdazo en el Maracaná no sólo otorgó la cuarta estrella a Alemania, sino que inscribió su nombre para siempre en la selecta y eterna historia de los goleadores que decidieron un título.
Imagen principal: El gol de Götze que decició la final de 2014. Foto: Marcello Casal Jr/Agência Brasil / CC BY 3.0 BR

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




