Carlos Bilardo festeja el título obtenido por Argentina en México 86.

Carlos Bilardo: El doctor que coronó a Maradona

Si el fútbol fuera una religión, Carlos Bilardo sería su profeta más obsesivo. Ginecólogo de profesión, estratega por devoción y pragmático hasta las últimas consecuencias, el «Narigón» dividió una nación tan futbolera como la argentina en dos. Defensor a ultranza del resultado por encima del espectáculo, el técnico dirigió a la Albiceleste en dos finales del mundo consecutivas, construyendo un equipo que giró en torno a su gran figura: Diego Armando Maradona.

Estudiantes de La Plata: La escuela de Zubeldía

Para entender mejor la mente de Carlos Bilardo, hay que viajar a los años 60 y enfundarse la camiseta de Estudiantes de La Plata. Allí, como jugador, el protagonista de esta historia fue el alumno aventajado de Osvaldo Zubeldía, el técnico que revolucionó el fútbol argentino mostrando que el éxito no dependía tanto del talento sino del análisis minucioso del juego.

En aquella época, Bilardo aprendió el arte de «ganar cueste lo que cueste». Estudiar al rival hasta el más mínimo detalle, adelantar la línea del fuera de juego de memoria, hablarle a los contrarios para desconcentrarlos e incluso, utilizar alfileres en los saques de esquina. De Zubeldía heredó todas las estratagemas del «otro fútbol» y una máxima que aplicaría el resto de su carrera: «Al rival no hay que respetarle, hay que ganarle«.

Gustara más o gustara menos, lo cierto es que Estudiantes supo ganar. El equipo argentino conquistó, entre otros títulos, tres Copas Libertadores de forma consecutiva (1968, 1969 y 1970) y una Copa Intercontinental. Desde luego, la fórmula funcionaba a la perfección.

Formación de Estudiantes de La Plata en 1970.
Formación de Estudiantes en 1970. Bilardo abajo, el segundo empezando por la izquierda. Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público.

La batalla ideológica entre Carlos Bilardo y César Luis Menotti

Si Bilardo representaba el fútbol pragmático en el que el resultado era lo único importante, César Luis Menotti lideraba un estilo totalmente opuesto. «El Flaco» logró el primer trofeo para Argentina en el Mundial de 1978 con un fútbol vistoso que buscaba, además de ganar, gustar al espectador.

Sin embargo, el fracaso de Argentina en el Mundial de España 1982, provocó un cambio de rumbo total en la Selección. Carlos Bilardo se hizo cargo del equipo en 1983 y, como decíamos al inicio, el país quedó dividido en dos grupos muy enfrentados: el Menottismo y el Bilardismo.

Las críticas hacia «El Narigón» fueron tan atroces por parte de un sector de la prensa argentina que, incluso, estuvo a punto de ser destituido antes de que la expedición viajara a México en 1986. De hecho, el técnico optó por viajar antes que ninguna otra selección para salir del país, aislarse del ambiente negativo y preparar a conciencia un torneo que, a priori, pintaba muy mal para Argentina.

México 86: La capitanía a Maradona y la gloria eterna

La primera gran decisión de Bilardo al frente de la Albiceleste supuso un golpe de Estado en el vestuario: le quitó la capitanía al histórico Daniel Passarella para dársela a Diego Armando Maradona. Esto creó una división enorme en el equipo y la enemistad entre ambas figuras. (Si quieres saber más sobre esto, visita nuestro artículo: Maradona y Passarella en México 86).

«El Doctor» diseñó un equipo de «obreros» con una disciplina táctica enorme con un único objetivo: correr y presionar para que Maradona jugara libre y sin responsabilidades defensivas. La cosa funcionó a la perfección y pudimos ver a uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos brillar con luz propia.

El Diego firmó una de las mejores actuaciones individuales de la historia de los Mundiales. Su partido de cuartos de final contra Inglaterra quedó para siempre en la memoria colectiva de todos los aficionados al fútbol y, por mucho que pasen los años, se sigue recordando cada vez que llega una nueva cita mundialista.

Argentina levantó un nuevo trofeo demostrando que no existe una única forma de ganar. Si Menotti logró el título de 1978 fiel a su estilo, Bilardo hizo lo propio ocho años después.

Carlos Bilardo en el Mundial de México 1986.
Carlos Bilardo en el Mundial de México 1986. Foto: Wikimedia Commons / Dominio Público.

Italia 90: El bidón de Branco y el subcampeonato más doloroso

Argentina llegó a Italia 90 como una de las favoritas, pero el torneo empezó de la peor manera con una sorprendente derrota contra Camerún. Según contaron algunos futbolistas años después, Carlos Bilardo se enojó tanto tras caer contra los africanos que dijo a sus jugadores: «Soy capaz de estrellar el avión antes que volver a casa antes de tiempo«.

Aquel torneo estuvo marcado por unos planteamientos ultra defensivos y por las numerosas lesiones que tuvo que afrontar el plantel argentino. Maradona disputó gran parte del Mundial con un tobillo dañado, jugando infiltrado casi todos los partidos.

En octavos de final, Argentina y Brasil se vieron las caras en un partido en el que los brasileños fueron muy superiores. Sin embargo, una genialidad de Maradona en la segunda parte, sirviendo un magistral pase a Caniggia, fue suficiente para que «El Pájaro» batiera al meta brasileño y diera el triunfo a su equipo (0-1).

Aquel encuentro estuvo envuelto en una extraña polémica. Se dice que Branco, futbolista de Brasil, bebió agua de un botellín de Argentina que, presuntamente, contenía algún tipo de sustancia que lo dejó «drogado» el resto del partido. El propio jugador afirmó que se sintió indispuesto y acusó directamente a Bilardo.

Sea como fuere, el caso es que Argentina, a trancas y barrancas, fue superando obstáculos hasta plantarse en una nueva final para verse las caras, otra vez, contra Alemania. Esta vez la moneda salió cruz y los alemanes, con un polémico penalti anotado por Brehme, se hicieron con el título. Así terminaba la era Bilardo al frente de la Albiceleste.

Las mejores locuras y cábalas de Carlos Bilardo

La táctica y el rigor a la hora de plantear un partido eran solo la mitad del trabajo del técnico argentino. La otra mitad eran las cábalas (supersticiones), las cuales debían ser cumplidas por todo el plantel.

– El teléfono prestado: En México 86, antes del primer partido, Bilardo usó el teléfono de una habitación que no era la suya. Como Argentina ganó, obligó al jugador de esa habitación a llamarle antes de cada encuentro del mundial.

– La música obligatoria: El autobús de la selección debía reproducir exactamente la misma cinta de música country en el trayecto hacia el estadio.

– Prohibido el pollo: Bilardo desterró el pollo de la dieta de los futbolistas en la concentración porque consideraba que comer ave traía mala suerte.

Carlos Salvador Bilardo demostró que en el fútbol, como en la vida, la preparación obsesiva y los detalles pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso.

Imagen principal: Carlos Bilardo festejando el título logrado por Argentina en el Mundial de México 86. Foto: El Gráfico / Wikimedia Commons / Dominio Público.