El primer gol Olímpico de la historia de Onzari.

Gol Olímpico: ¿Quién anotó el primero? ¿Por qué se llama así?

El fútbol está lleno de momentos insólitos, jugadas de fantasía y goles que desafían las leyes de la física. Entre todas las formas posibles de enviar el balón al fondo de la red, pocas generan tanta admiración, asombro y celebración como el gol olímpico. Marcar directamente desde el saque de esquina, sin que ningún otro jugador toque el balón, es una auténtica obra de arte reservada para los golpeadores más sutiles y precisos del planeta.

¿Cómo nació esta jugada? ¿En qué momento exacto de la historia un futbolista se atrevió a intentar semejante proeza? A lo largo de este artículo, nos centramos en el origen de este término, quién fue el pionero absoluto que sorprendió al mundo entero y cómo se trasladó esta gesta al torneo más prestigioso del planeta.

CESÁRIO ONZARI: EL PRIMER GOL OLÍMPICO DE LA HISTORIA

Para comprender el nacimiento de esta jugada, debemos viajar en el tiempo hasta la década de 1920, concretamente al 2 de octubre de 1924. El escenario fue el Estadio Sportivo Barracas de Buenos Aires, donde la selección argentina se enfrentaba en un partido amistoso de gran nivel contra Uruguay. El combinado charrúa venía de consagrarse campeón olímpico en los Juegos de París 1924, un logro que había desatado una enorme expectación en toda Sudamérica.

El encuentro prometía emociones fuertes, pero nadie en las gradas imaginaba que presenciaría un hito reglamentario histórico. Pocos meses antes, concretamente en junio de 1924, la International Football Association Board (IFAB) había introducido una modificación crucial en el reglamento del fútbol: se permitía marcar un gol directamente desde un saque de esquina. Hasta entonces, si un balón lanzado desde el córner entraba sin ser tocado por ningún compañero o rival, el tanto no era válido.

Corría el minuto 15 de la primera mitad cuando Argentina dispuso de un saque de esquina desde la banda izquierda. El encargado de ejecutarlo fue el delantero Cesário Onzari, jugador de Huracán. Con una pierna izquierda prodigiosa, el futbolista argentino sacó un centro cerradísimo, con efecto hacia el arco defendido por el legendario guardameta uruguayo Andrés Mazali. El balón tomó una curva imparable, sobrevoló a la defensa y a los delanteros que esperaban en el área, y se alojó directamente en el fondo de las mallas, sin que ningún otro jugador rozara el esférico.

La sorpresa fue total en el estadio. Los jugadores argentinos celebraron con desconcierto y alegría, mientras que el árbitro del encuentro validó la acción aplicando la nueva normativa. Argentina terminó ganando aquel partido por 2-1, pero el verdadero protagonista de la jornada fue Cesário Onzari con su «extraño» gol.

Primer gol Olímpico de la historia.
Otra toma del gol Olímpico de Onzari. Foto: Dominio Público.

¿Por qué se llama gol olímpico?

La denominación popular de este tanto histórico tiene una explicación directa y lógica vinculada a sus rivales de aquel histórico partido. Como los uruguayos acababan de colgarse la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de París 1924, la prensa y los aficionados argentinos comenzaron a referirse al combinado celeste como «los olímpicos».

La hazaña de Onzari, conseguida precisamente al derrotar a los campeones vigentes de la máxima cita del fútbol por aquel entonces, hizo que la jugada fuera bautizada de inmediato por los cronistas de la época como el «gol a los olímpicos».

Con el paso de los días y de los partidos, la expresión fue abreviándose de manera natural hasta quedar acuñada para la posteridad simplemente como «gol olímpico». El término trascendió las fronteras de Argentina, se popularizó en toda Hispanoamérica y, con los años, fue adoptado en la gran mayoría de los idiomas del planeta fútbol.

EL PRIMER GOL OLIMPICO DE LOS MUNDIALES

Si bien la gesta de Cesário Onzari en 1924 abrió la veda y popularizó el concepto a nivel internacional, el gran escaparate del fútbol de selecciones —la Copa del Mundo— tardaría algunas décadas en presenciar una maravilla de estas características.

Mientras que en los campeonatos locales de diversos países sudamericanos y europeos los especialistas en saques de esquina ya comenzaban a ensayar este tipo de lanzamientos con éxito, la máxima cita mundialista mantuvo su cuota de misterio durante varias ediciones.

Hacer un gol olímpico en un Mundial requiere una combinación perfecta de factores: un golpeo milimétrico, condiciones atmosféricas favorables —como una brisa que ayude a curvar la trayectoria—, un guardameta ligeramente descolocado y, sobre todo, una gran habilidad por parte del ejecutor del saque de esquina.

La historia de los mundiales guardó este honor para una cita muy especial celebrada en tierras sudamericanas: Chile 1962. Hasta ese momento, en las ediciones de 1930, 1934, 1938, 1950, 1954 y 1958, ningún jugador había logrado perforar la red directamente desde la esquina en el torneo más importante del mundo.

El autor de semejante hito fue el delantero colombiano Marcos Coll, durante el inolvidable e histórico empate 4-4 entre la selección de Colombia y la todopoderosa Unión Soviética en la fase de grupos, disputado en el Estadio Carlos Dittborn de la ciudad de Arica el 3 de junio de 1962.

La obra maestra de Marcos Coll ante la Unión Soviética

El partido ya era de por sí un acontecimiento legendario debido al tremendo poderío físico y táctico de los soviéticos, que contaban en su portería con uno de los mejores guardametas de todos los tiempos: el mítico Lev Yashin, conocido universalmente como la Araña Negra.

Colombia perdía el encuentro de manera contundente por 3-1, pero el combinado cafetero protagonizó una heroica reacción que quedaría grabada para siempre en la memoria colectiva del continente. Con el marcador en contra, el combinado colombiano dispuso de un saque de esquina desde el sector izquierdo del ataque. Marcos Coll, centrocampista del América de Cali, se perfiló con pierna derecha para ejecutar un centro cerrado.

El golpeo de Coll fue sencillamente perfecto. El balón salió despedido con una trayectoria seca, cerrada y con un efecto exterior que desconcertó por completo a la defensa soviética. Lev Yashin, uno de los porteros más seguros, imponentes y ágiles de la historia del deporte, calculó mal la trayectoria del centro debido al extraño efecto que llevaba el esférico y a la presencia de varios jugadores en el área pequeña. El balón superó la estirada del guardameta soviético y se coló directamente por el segundo palo, besando la red.

Aquel tanto significó el parcial 3-2 y encendió la mecha de la remontada colombiana, que terminaría empatando el partido a cuatro goles en uno de los duelos más emocionantes, locos y recordados de la historia de los mundiales.

Curiosamente, hasta la fecha, el de Marcos Coll sigue siendo el único gol olímpico anotado de manera oficial en toda la historia de la Copa del Mundo de la FIFA. A pesar de que en las décadas posteriores se han intentado miles de saques de esquina directos en citas mundialistas —con actuaciones estelares de grandes lanzadores como Roberto Carlos, David Beckham o Ronaldinho—, ninguno ha logrado repetir la hazaña lograda por el mediocampista colombiano en suelo chileno.

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Imagen principal: Gol Olímpico anotado por Onzari en 1924. Foto: El Gráfico / Dominio Público.