Todos los estadios se construyen con acero y hormigón, pero algunos de ellos tienen alma. El Estadio Azteca, ubicado en el sur de la Ciudad de México, pertenece a este último grupo. Conocido mundialmente como «El Coloso de Santa Úrsula«, este gigante con capacidad para más de 80.000 espectadores es un auténtico templo del fútbol mundial.
Para cualquier fanático de las Copas del Mundo, el Azteca es un lugar de peregrinaje obligatorio pues fue el escenario de algunos de los momentos más míticos e icónicos de la historia de la competición. En MUNDIALES.ES rendimos homenaje a uno de los lugares más mágicos del planeta fútbol.
Un diseño para la eternidad
A principios de la década de 1960, México miraba al futuro con ambición. Tras ser elegido para albergar el Mundial de 1970, el país azteca necesitaba un monumento que demostrara al mundo entero su capacidad de modernización.
El encargo recayó en arquitectos mexicanos de gran renombre: Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijares Alcérreca. La construcción comenzó en 1962 en un terreno cubierto de roca volcánica y se requirieron más de 100.000 toneladas de concreto, miles de toneladas de acero y el esfuerzo de unos 800 trabajadores.
El 29 de mayo de 1966, el Estadio Azteca abrió sus puertas por primera vez con un partido amistoso entre el Club América mexicano y el Torino italiano. Desde ese preciso instante, la acústica del estadio -diseñada meticulosamente para que el rugido del público rebotara hacia la cancha- dejó claro que jugar allí sería una experiencia abrumadora para cualquier futbolista.
México 1970: La coronación de Pelé
El Mundial de México 1970 cambió el futbol para siempre. Fue el primer torneo retransmitido en todo el mundo por televisión y, por primera vez, en color. Las camisetas amarillas de Brasil tuvieron un impacto visual tremendo y el Estadio Azteca fue el escenario perfecto para ensalzar aún más a las estrellas del momento.
El torneo consagró a la que muchos consideran la mejor selección de todos los tiempos: el Brasil de 1970, con figuras como Tostao, Jairzinho, Gérson, Rivellino o Carlos Alberto. Pero por encima de todos, destacó Pelé.
En ese césped del Azteca, «O Rei» intentó su famoso gol desde el centro del campo contra Checoslovaquia, inventó un regate increíble al portero uruguayo Mazurkiewicz y elevó su figura flotando en el aire para anotar de cabeza el primer gol contra Italia en la final.
El 21 de junio de 1970, tras vencer a la Azzurra por un contundente 4-1, el mejor futbolista del mundo fue sacado a hombros del Estadio Azteca. La imagen con el torso desnudo, se convirtió en una de las más icónicas de la historia de los Mundiales.

El Partido del Siglo
Por si fuera poco, en aquella misma edición, se disputó en el Estadio Azteca un encuentro que fue bautizado como «El Partido del Siglo» un 17 de junio de 1970.
En semifinales, Italia y Alemania Occidental se vieron las caras en el coloso mexicano. Al finalizar los 90 minutos, el marcador reflejó un empate a uno que obligó a ambos equipos a jugar una prórroga que quedó para siempre en los anales de la historia.
El partido, cuyo resultado final fue de 4-3 para los italianos, nos dejó imágenes míticas como la de Franz Beckenbauer, capitán alemán, jugando con un brazo vendado al cuerpo por culpa de una luxación de hombro. El encuentro fue tan épico que una placa de bronce fue colocada en las paredes del estadio para conmemorar el choque de forma oficial y para siempre.

México 1986: La gran obra de Maradona
Tuvieron que pasar 16 años para que el Estadio Azteca volviera a ser testigo de otro hito histórico. Tras la renuncia de Colombia, México volvió a ser sede de la Copa del Mundo 1986 y Argentina, con Diego Armando Maradona como gran estrella, levantó su segundo trofeo de campeón.
El gran momento del astro argentino llegó el 22 de junio de 1986 en el encuentro que enfrentó a su equipo contra Inglaterra. Ese día, Maradona logró los dos goles más famosos de la historia de los Mundiales: La «Mano de Dios! y «El Gol del Siglo». Ambos, sobre el césped del Azteca.
Siete días después, ante más de 100.000 espectadores, Maradona levantó la Copa del Mundo tras vencer a Alemania Federal en la gran final (3-2). El Coloso de Santa Úrsula cerraba un círculo perfecto encumbrando a los dos mejores futbolistas de la historia bajo su mismo techo.

El Estadio Azteca: El primero en albergar tres Mundiales
La leyenda de este impresionante recinto sigue escribiéndose con letras de oro. El Estadio Azteca romperá un récord absoluto al convertirse en el primero en albergar tres ediciones de la Copa del Mundo (1970, 1986 y 2026). Ningún otro templo del balompié -ni Maracaná, ni Wembley, ni el Santiago Bernabéu– ha logrado esta hazaña.
Tras someterse a una profunda renovación estructural y tecnológica para cumplir con las exigentes normativas de la FIFA, el coloso mexicano se reafirma como el gran templo del fútbol histórico, listo para recibir un nuevo partido inaugural y volver a ser el epicentro del mundo.
Situado a 2.240 metros sobre el nivel del mar, el aire que se respira en el Azteca es más fino. Los equipos visitantes experimentan una fatiga prematura, el balón viaja más rápido y los efectos del balón cambian drásticamente.
A todo esto hay que añadir el calor. Durante los Mundiales de 1970, 1986 (y también en 2026), los partidos se juegan a horas centrales del día para que puedan ser vistos en lugares como Europa. Con esa altitud y bajo un sol de justicia, el calor es sofocante y los futbolistas son sometidos a una exigencia física extrema.
El túnel de acceso a la cancha, flanqueado por imágenes religiosas y con el sonido ensordecedor de miles de aficionados en las gradas, genera una especie de «miedo escénico» que pone a prueba a los mejores jugadores del mundo.
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Imagen principal: Alrededores del Estadio Azteca durante el Mundial de México 1986. Foto: Karl Oppolzer / Wikimedia Österreich / CC BY-SA 3.0.

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.



