Ferenc Puskas es, sin discusión, el mejor futbolista húngaro de la historia. El «cañoncito» fue la estrella de un equipo legendario que forma parte de las mejores selecciones de todos los tiempos. En MUNDIALES.ES rendimos homenaje y analizamos la carrera de un futbolista impresionante que, en la actualidad, costaría una fortuna.
La mejor Hungría de la historia: Los Magiares de Oro
Nacido en Budapest en 1927, el joven delantero creció en el modesto barrio de Kispest. Tras la Segunda Guerra Mundial, su club fue absorbido por el ejército de Hungría y rebautizado como el Budapest Honvéd. Fue ahí donde los jugadores recibieron rangos militares y Ferenc Puskas fue nombrado comandante.
Aquel equipo se convirtió en la base de la selección nacional, conocida históricamente como los Magiares de Oro. Bajo la dirección del seleccionador Gusztáv Sebes, Hungría implantó un sistema táctico pionero (el origen del Fútbol Total) que trituraba a sus rivales.
Puskas, poseedor de una pierna izquierda con una potencia y precisión jamás vistas, se convirtió en el capitán y líder indiscutible de un equipo donde destacaban nombres como Sándor Kocsis, Nándor Hidegkuti y Zoltán Czibor, entre otros. Aquella selección encadenó una racha histórica de 32 partidos sin perder entre los años 1950 y 1954, conquistando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Helsinki. Por si fuera poco, también humillaron a Inglaterra en un partido disputado en el Estadio de Wembley por un contundente 3-6 en 1953.
Mundial de Suiza 1954: El Milagro de Berna
Con todo este panorama, Hungría llegó al Mundial de Suiza 1954 como la gran favorita a llevarse el título. Los primeros partidos hicieron buenos los pronósticos ya que los húngaros destrozaron a Corea del Sur (9-0) y a Alemania Federal (8-3). Fue en este partido donde Ferenc Puskas sufrió una entrada muy dura del defensor germano Werner Liebrich que le fracturó el tobillo.
La lesión apartó al capitán de los cuartos de final ante Brasil y de las semifinales contra Uruguay. En ambos partidos, los húngaros vencieron por idéntico marcador (4-2), a pesar de no contar con su mejor futbolista sobre el terreno de juego.
De esta forma, el 4 de julio de 1954, el Estadio Wankdorf de Berna fue testigo de la gran final entre Hungría y Alemania Federal. Ferenc Puskas, haciendo gala de su gran pundonor, forzó su recuperación y jugó el encuentro infiltrado aunque con una cojera más que visible. Eso sí, en el minuto 6 de partido ya abrió el marcador con uno de sus clásicos zurdazos. Dos minutos después, Czibor hacía el 2-0 y la Copa del Mundo parecía viajar hacia tierras húngaras.
Sin embargo, las inclemencias meteorológicas (con un césped embarrado por la lluvia) favoreció al equipo alemán. Los germanos, que habían sido goleados días antes por Hungría, le dieron la vuelta al marcador dando lugar a una de las mayores sorpresas de la historia de los Mundiales.
Los goles de Morlock y Rahn (este último por partida doble), dejaron sin título a Hungría. Eso sí, todo hubiera podido cambiar si el árbitro no hubiera anulado otro gol de Puskas por un fuera de juego muy dudoso con el tiempo casi cumplido. Aquel encuentro fue bautizado como El Milagro de Berna y, el mejor equipo del mundo, se quedó sin trofeo.

Ferenc Puskas en la Selección Española
La vida de Ferenc Puskas cambió radicalmente en octubre de 1956. Mientras el Budapest Honvéd se encontraba en España para disputar un partido de Copa de Europa contra el Athletic Club de Bilbao, estalló la Revolución Húngara, la cual fue duramente reprimida por los tanques de la Unión Soviética. El delantero, junto a varios de sus compañeros de equipo, tomó la drástica decisión de no representar a su país, convirtiéndose en un exiliado político.
Aquel acto de rebeldía le costó una dura sanción de la FIFA de dos años de inhabilitación a instancias de la federación de su país. A sus 31 años, con evidente sobrepeso y baja forma debido a meses de inactividad, su carrera parecía acabada. Fue entonces cuando apareció la figura de Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, para ficharlo en 1958.
Puskas desafió a la lógica y forjó una pareja legendaria junto a Alfredo Di Stéfano, conquistando tres Copas de Europa y cinco Ligas Españolas. El húngaro se reinventó para convertirse en uno de los arietes más letales del continente europeo.
De esta forma, en 1961, Puskas pudo adquirir la nacionalidad española, para tratar de estar en el Mundial de Chile 1962. España, bajo la dirección de Helenio Herrera, logró la clasificación para la cita mundialista y, además de la estrella húngara, contó con futbolistas del nivel de Luis Suárez, Francisco Gento o Alfredo Di Stéfano (que finalmente no pudo jugar por una desafortunada lesión).
Sin embargo, la participación de España y de Ferenc Puskas fue una decepción. El delantero, con 35 años y mermado físicamente, no logró anotar ningún gol con la elástica española, despidiéndose de los mundiales de forma discreta y alejado del brillo que exhibió en 1954.
El legado de Ferenc Puskas
Los números del protagonista de este artículo a nivel internacional son impresionantes. Con la selección de Hungría, Puskas anotó 84 goles en 85 encuentros. Su papel como líder de los Magiares de Oro forma parte de la historia del fútbol.
El impacto estético de su juego y su capacidad de cara a portería calaron tan hondo a nivel internacional que la FIFA decidió honrar su memoria de forma muy especial. En octubre de 2009, el entonces presidente del organismo, Joseph Blatter, anunció la creación del Premio Puskas. Este galardón premia, tanto en categoría masculina como femenina, el gol más bello y espectacular del año.
Fallecido en Budapest en 2006, el nombre de Ferenc Puskas sigue siendo inmortal. El Estadio Nacional de Hungría lleva su nombre. Un homenaje justo para el hombre que, con su cañón izquierdo, demostró que se puede pasar a la historia sin levantar la Copa del Mundo.
Imagen principal: Puskas en un partido amistoso entre Hungría e Inglaterra. Foto: Wim van Rossem / Nationaal Archief (CC BY-SA 3.0).

Filólogo. Amante del fútbol histórico. El que tuvo la idea de hacer todo esto.




