Ferenc Puskás, uno de los pocos futbolistas con dos selecciones.

Futbolistas que jugaron un Mundial con dos selecciones distintas

A lo largo de la historia de la Copa del Mundo, el escenario más prestigioso del fútbol de selecciones, las normas de elegibilidad de la FIFA han experimentado profundas transformaciones. Hoy en día, las reglas sobre la representación internacional son sumamente estrictas y apenas permiten modificaciones una vez que un jugador debuta en un encuentro oficial de categoría absoluta. Sin embargo, en las primeras décadas del torneo y debido a convulsos acontecimientos geopolíticos del siglo XX, existieron resquicios legales que permitieron un fenómeno insólito: futbolistas que llegaron a saltar al terreno de juego y disputar partidos de una fase final de un Mundial defendiendo la camiseta de dos selecciones diferentes.

Este selecto grupo se reduce exactamente a ocho futbolistas en toda la historia del campeonato. A continuación, repasamos de forma detallada la intrahistoria de cada uno de ellos, desgranando su paso por ambos combinados nacionales.

Luis Monti (Argentina / Italia)

Luis Monti, conocido popularmente como «Doble Ancho» por su imponente corpulencia y su férrea capacidad táctica en el centro del campo, ocupa un lugar único e irrepetible en los libros de estadística de la Copa del Mundo.

En la edición inaugural de Uruguay 1930, Monti fue una pieza insustituible en la columna vertebral de la selección de Argentina, liderando al combinado albiceleste hasta la gran final y anotando goles determinantes en el camino, aunque terminaron cayendo derrotados ante los anfitriones charrúas en el Estadio Centenario.

Cuatro años más tarde, para el Mundial de Italia 1934, las leyes de naturalización de la época permitieron que Monti, de ascendencia italiana, cambiara de camiseta nacional y fuera convocado por la Azzurra del técnico Vittorio Pozzo.

Ejerciendo de mariscal sobre el césped, el centrocampista cumplió su segundo ciclo mundialista con éxito rotundo al proclamarse campeón tras vencer a Checoslovaquia en la prórroga, convirtiéndose en el único jugador de la historia en disputar dos finales de la Copa del Mundo con dos países distintos.

Raimundo Orsi (Argentina / Italia)

Compañero generacional de Luis Monti tanto en los clubes como en la selección argentina, Raimundo Orsi fue uno de los extremos más desequilibrantes, técnicos y letales del fútbol sudamericano durante la década de los años 30.

En el Mundial de Uruguay 1930, Orsi deslumbró con la camiseta de la selección argentina, siendo titular indiscutible por la banda izquierda y marcando un gol memorable en la propia final contra los uruguayos que momentáneamente ponía por delante al conjunto albiceleste.

Al igual que su compatriota, su etapa posterior en el fútbol europeo de élite le abrió las puertas de la selección italiana. Nacionalizado italiano, fue convocado para el Mundial de Italia 1934, donde demostró toda su jerarquía ofensiva anotando goles fundamentales, incluido el empate providencial en la final frente a los checoslovacos que allanó el camino para el primer entorchado mundial de la historia de Italia.

Attilio Demaría (Argentina / Italia)

Atilio Demaría formó parte de esa extraordinaria legión de futbolistas rioplatenses que, debido a los flujos migratorios de principios de siglo y a la flexibilidad reglamentaria de la FIFA en su etapa embrionaria, pudieron cruzar el Atlántico para representar a dos potencias futbolísticas diferentes en citas planetarias.

En 1930, Demaría acudió al Mundial de Uruguay integrado en la potente convocatoria de la selección argentina, sumando experiencia en el máximo torneo internacional a pesar de la férrea competencia en la delantera albiceleste.

Años después, ya afianzado en el fútbol italiano y habiendo adoptado la doble nacionalidad, Attilio Demaría entró en los planes de la selección de Italia para la Copa del Mundo de 1934. Aunque su protagonismo sobre el césped en aquella fase final fue más de apoyo táctico dentro de la gran maquinaria diseñada por Vittorio Pozzo, su presencia en el torneo le valió para sumar su segundo Mundial con la elástica azzurra y enriquecer su insólito historial deportivo.

Ferenc Puskás (Hungría / España)

La leyenda de Ferenc Puskás, el gran «Cañonero» húngaro y uno de los mejores delanteros de todos los tiempos, cuenta con un capítulo internacional doble tan fascinante como complejo.

En el Mundial de Suiza 1954, capitaneó a la legendaria y temible Arany Csapat (los «Magiares Mágicos») de Hungría. Aunque arrastró problemas físicos durante buena parte del campeonato tras una dura entrada en la fase de grupos, reapareció épicamente en la final contra la República Federal de Alemania, anotando un gol y dejando una huella imborrable a pesar de la dolorosa derrota final en el conocido como «Milagro de Berna«.

Años más tarde, tras exiliarse de su Hungría natal y recalar en el Real Madrid, Puskás obtuvo la nacionalidad española y fue convocado por Helenio Herrera para disputar el Mundial de Chile 1962 con la selección española. Con 35 años a sus espaldas, el delantero disputó los tres partidos de la fase de grupos luciendo la camiseta roja de España, cerrando así una trayectoria mundialista dividida entre dos potencias históricas de épocas distintas.

José Altafini (Brasil / Italia)

Conocido en sus inicios en Brasil como «Mazzola» debido a su evidente parecido físico y estético con el legendario goleador italiano del Torino, José Altafini vivió un cuento de hadas futbolístico en tierras escandinavas durante el Mundial de Suecia 1958.

Con apenas 19 años de edad, Altafini formó parte de la ofensiva de una Brasil maravillosa que encumbró al mundo a un jovencísimo Pelé, aportando goles decisivos y proclamándose campeón del mundo en su primera gran experiencia internacional.

Su fichaje posterior por el AC Milan y su larga estancia en el fútbol italiano cambiaron drásticamente su panorama internacional. Tras nacionalizarse, Altafini fue convocado para representar a la selección de Italia en el Mundial de Chile 1962.

Aunque el rendimiento general de la Azzurra en aquel torneo no cumplió las expectativas y se vio condicionado por problemas físicos, su participación sobre el césped chileno le catapultó de forma oficial al selecto club de futbolistas con doble experiencia en fases finales de la Copa del Mundo.

José Emilio Santamaría (Uruguay / España)

José Emilio Santamaría es recordado universalmente como uno de los defensas centrales más impenetrables, elegantes y seguros de mediados del siglo XX, un auténtico muro tanto en el Club Nacional de Football como posteriormente en el Real Madrid de las cinco Copas de Europa consecutivas.

Su andadura en los Mundiales comenzó en Suiza 1954, donde integró con absoluta solvencia la columna vertebral de la selección de Uruguay, llevándolos a alcanzar las semifinales del torneo y dejando una exhibición defensiva colosal frente a la todopoderosa Hungría.

Años más tarde, ya plenamente asentado en España y con la nacionalidad española concedida, Santamaría se convirtió en puntal defensivo del combinado nacional absoluto. El prestigioso zaguero disputó la fase final del Mundial de Chile 1962 defendiendo los colores de España, formando parte de aquella exigente línea de retaguardia junto a compañeros de la talla de Marquitos o el guardameta Araquistáin.

Robert Prosinečki (Yugoslavia / Croacia)

El caso de Robert Prosinečki abre la puerta a la modernidad y a los profundos cambios geopolíticos que sacudieron Europa a finales del siglo XX, concretamente con la disolución de la antigua Yugoslavia.

En el Mundial de Italia 1990, un jovencísimo Prosinečki maravilló al planeta entero con su exquisita calidad técnica, su visión de juego y su magnífico golpeo de balón en la medular de la selección de Yugoslavia, siendo reconocido de forma unánime como el mejor jugador joven de aquella edición del campeonato.

Años después, tras la independencia de Croacia y el nacimiento de su nueva selección nacional, Prosinečki lideró a la histórica generación ajedrezada que sorprendió al mundo obteniendo un brillante tercer puesto en el Mundial de Francia 1998.

Lo verdaderamente extraordinario de su trayectoria y que le otorga un récord absoluto en solitario es que Prosinečki logró marcar goles en fases finales de la Copa del Mundo con dos selecciones distintas.

Robert Jarni (Yugoslavia / Croacia)

Al igual que su compatriota Robert Prosinečki, el carrilero izquierdo Robert Jarni vivió en primera persona la transición histórica del fútbol balcánico y su transformación en los escenarios internacionales.

En el verano de 1990, Jarni formó parte de la prometedora selección de Yugoslavia que acudió al Mundial de Italia 1990, sumando minutos y fogueándose en la élite competitiva bajo la disciplina del combinado pluriétnico antes de que este dejara de existir oficialmente.

Años más tarde, ya consolidado como uno de los laterales zurdos más fiables y profundos del continente europeo, Jarni se convirtió en un pilar básico e indiscutible de la selección de Croacia. Disputó como titular absoluto el inolvidable Mundial de Francia 1998 —donde firmó un memorable gol de potente disparo lejano ante Alemania en los cuartos de final— y prolongó su carrera internacional hasta el Mundial de Corea y Japón 2002, cerrando una trayectoria repleta de consistencia en citas mundialistas.

Imagen principal: Ferenc Puskás. Foto: FORTEPAN / CC BY-SA 3.0