Estatua de Bobby Moore, uno de los mejores centrales de la historia.

Los mejores centrales de la historia de los Mundiales

La gloria en la Copa del Mundo suele asociarse a los goles de los delanteros o a la magia de los centrocampistas. Sin embargo, la historia demuestra que los campeonatos se construyen desde atrás. Levantarse con el trofeo más codiciado del planeta requiere de líderes inquebrantables en la retaguardia, hombres capaces de sostener a todo un país en los momentos de máxima presión. Para entender el éxito de las grandes selecciones, es imprescindible analizar a los mejores centrales que han pisado jamás el escenario mundialista: auténticos muros humanos que redefinieron el arte de defender.

Bobby Moore (Inglaterra)

Ejemplo del juego limpio y la sobriedad defensiva, Bobby Moore es el icono eterno del único gran éxito mundialista de Inglaterra. Capitán de los ‘Three Lions’ en el Mundial de 1966 celebrado en territorio propio, el defensa demostró una capacidad asombrosa para leer los ataques rivales antes de que sucedieran, lo que le permitía robar balones de forma limpia sin necesidad de ir al suelo con violencia.

Su imagen levantando el trofeo Jules Rimet de manos de la reina Isabel II es parte de la mitología del fútbol, pero su legado se agigantó aún más en México 1970. En un partido de fase de grupos contra la histórica Brasil, Moore realizó la entrada limpia más famosa de la televisión a Jairzinho. Tras el pitido final, Pelé se fundió en un abrazo con él e intercambaron camisetas; años después, ‘O Rei’ declaró que Moore fue el central más limpio, elegante y difícil al que se enfrentó en toda su carrera.

Franz Beckenbauer (Alemania)

Franz Beckenbauer no solo fue un defensor; fue el arquitecto del fútbol moderno desde la posición de líbero y central. Con una elegancia innata para sacar el balón jugado y una lectura táctica sin precedentes, el «Káiser» disputó tres Mundiales legendarios con Alemania Occidental.

En 1966 saboreó la amargura del subcampeonato y en 1970 protagonizó uno de los momentos más heroicos de la historia al jugar la prórroga de las semifinales contra Italia (el «Partido del Siglo«) con el hombro dislocado y el brazo en cabestrillo.

La recompensa definitiva a su grandeza llegó en 1974. Como capitán y líder absoluto de la ‘Mannschaft‘, Beckenbauer guio a su país hacia el título en casa, logrando secar en la final a la «Naranja Mecánica» de Johan Cruyff. Su impacto mundialista fue tan inmenso que años más tarde, en Italia 1990, volvió a coronarse campeón del mundo, esta vez desde el banquillo como seleccionador, sentándose para siempre en el olimpo del fútbol.

Alemania 1974. Uno de los mejores de la historia.
Johan Cruyff y Franz Beckenbauer se saludan antes de la final de 1974. Foto: Bert Verhoeff / Anefo / Dominio Público.

Daniel Passarella (Argentina)

Daniel Passarella es, sin duda, el referente defensivo más importante en la historia de Argentina. En el Mundial de 1978, celebrado en su tierra, el «Gran Capitán» no solo se erigió como un muro inexpugnable en el eje de la zaga, sino que exhibió una jerarquía absoluta para ordenar el equipo desde atrás.

Con un salto prodigioso, una garra legendaria y un olfato goleador insólito para un defensa, Passarella fue el encargado de levantar el primer trofeo mundialista para la Albiceleste, dejando grabada una estampa de liderazgo feroz que marcó a toda una generación.

Su trayectoria mundialista no se detuvo ahí. También formó parte del equipo argentino en los Mundiales de España 1982 y, aunque una inoportuna infección intestinal lo privó de jugar minutos en el histórico título de México 1986, su influencia en el vestuario y su mentalidad competitiva fueron factores determinantes para el éxito del grupo. Passarella demostró que un central no solo se mide por su capacidad de despeje, sino por la personalidad necesaria para ser el capitán de todo un país en la máxima cita del deporte.

Paolo Maldini (Italia)

Aunque comenzó su carrera brillando en la banda izquierda, Paolo Maldini se consagró en la historia de los Mundiales como el defensa total. Su transición al puesto de central dejó claro que su elegancia, anticipación y pulcritud no dependían de una posición fija, sino de una inteligencia táctica superior.

El legendario «3» de Italia disputó cuatro Copas del Mundo entre 1990 y 2002, dejando una huella imborrable en el eje de la zaga y manteniendo el récord absoluto de más minutos jugados en la historia de los Mundiales (2.217 minutos) sin recibir jamás una tarjeta roja.

Aunque la fortuna de los penaltis le privó del título en el tercer puesto de Italia 1990 y del título en la final de Estados Unidos 1994, el respeto global que infundía Maldini trascendió los resultados. Capaz de anular a los delanteros más temibles del planeta basándose en el posicionamiento corporal en lugar de la fuerza bruta, se erigió en el máximo exponente del zaguero completo: infranqueable por abajo, dominante en el juego aéreo y un líder absoluto con el balón en los pies.

Fabio Cannavaro (Italia)

La actuación de Fabio Cannavaro en el Mundial de Alemania 2006 es, muy posiblemente, la mayor exhibición individual de un defensor en la historia moderna del torneo. Con apenas 1,76 metros de estatura, el central napolitano compensaba la falta de altura con una anticipación perfecta, una fuerza descomunal en el salto y un liderazgo vocal que contagió a toda la ‘Azzurra’ tras el estallido del escándalo del ‘Calciopoli’ en su país.

Como capitán de Italia, Cannavaro disputó un torneo impecable en el que su selección solo concedió dos goles en siete partidos: uno en propia puerta y otro de penalti. Su actuación en las semifinales contra Alemania y en la final ante Francia rozó la perfección absoluta. Aquel nivel estratosférico le valió el Balón de Plata del torneo y, meses después, el Balón de Oro, un hito casi prohibitivo para los futbolistas de corte defensivo.

Sergio Ramos (España)

No podíamos dejar a Sergio Ramos fuera de nuestra lista de los mejores centrales de la historia. Ganar un Mundial exige una mezcla única de talento, carácter competitivo y una jerarquía inquebrantable, virtudes que el zaguero español encarnó como pocos tanto a nivel de clubes como en la Copa del Mundo.

Aunque comenzó su andadura internacional en el lateral derecho —levantando el histórico trofeo de Sudáfrica 2010 con una actuación monumental en la zaga de ‘La Roja’—, su consolidación definitiva como uno de los centrales más temidos del planeta marcó una época dorada.

Con una potencia descomunal en el juego aéreo, un alma competitiva a prueba de bombas y una capacidad asombrosa para aparecer en los momentos de máxima tensión, el camero disputó cuatro fases finales mundialistas (2006, 2010, 2014 y 2018). Su liderazgo en el eje de la defensa combinaba la bravura defensiva con una salida de balón limpia y una mentalidad ganadora inquebrantable, convirtiéndole en el faro indiscutible de una generación que tocó el cielo futbolístico.

Sergio Ramos con la selección española.
Sergio Ramos en un partido con España. Foto: Дмитрий Неймырок / CC BY-SA 3.0

Franco Baresi (Italia)

Franco Baresi representa la resistencia pura y la mentalidad competitiva del balompié italiano. Aunque formó parte de la plantilla campeona de España 1982 sin llegar a debutar, su verdadero idilio trágico con la Copa del Mundo ocurrió en Estados Unidos 1994. En el segundo partido de la fase de grupos ante Noruega, el legendario capitán del Milan sufrió una rotura de menisco que parecía apartarlo definitivamente del torneo.

Lo que sucedió después desafió a la ciencia médica: Baresi se operó en Nueva York y, apenas 25 días más tarde, saltó al césped de Pasadena como titular para jugar la gran final contra la Brasil de Romário y Bebeto. En un día de calor asfixiante, el defensa central completó 120 minutos perfectos, liderando la zaga y anulando por completo a la delantera más temible del planeta. Aunque el destino fue cruel y acabó fallando su lanzamiento en la tanda de penaltis, su gesta quedó grabada como una de las páginas más heroicas de los Mundiales.

Imagen principal: Estatua en honor a Bobby Moore. Foto: Ronnie Macdonald / CC BY 2.0