Trobbiani ganó el Mundial 1986 jugando en el Elche de Segunda División.

Futbolistas que ganaron el Mundial jugando en Segunda División

Ganar un Mundial es algo muy complicado. Hacerlo cuando perteneces a la plantilla de un club de Segunda División lo es aún más. En este artículo repasamos los únicos cinco casos en los que esta extraña circunstancia ha ocurrido en toda la historia de la competición.

Este fenómeno, aunque extremadamente inusual, demuestra que la determinación y el momento de gracia de un futbolista pueden superar cualquier barrera. Para un jugador, ser convocado por su país ya es un logro monumental, pero hacerlo desde la división de plata y terminar levantando el trofeo más codiciado del planeta es una hazaña que roza lo milagroso.

Santos Iriarte (Uruguay / 1930)

Victorio Santos Iriarte, conocido popularmente como «El Canario«, inscribió su nombre en la primera página de la historia de los mundiales durante el torneo inaugural de Uruguay 1930.

En aquella época, el fútbol charrúa estaba en plena transición y reorganización, e Iriarte defendía con orgullo la camiseta del Racing Club de Montevideo, una institución que militaba en la segunda división del fútbol uruguayo. A pesar de no jugar en la división de honor, su velocidad endiablada, su astucia por la banda izquierda y su capacidad goleadora llamaron la atención del cuerpo técnico del equipo nacional, que no dudó en incluirlo en la nómina final para el torneo que se disputaría en su propia tierra.

La participación de Iriarte en el Mundial de 1930 no fue en absoluto testimonial, sino que se convirtió en una de las piezas fundamentales para la obtención del título. El extremo izquierdo fue titular indiscutible en los cuatro partidos que disputó su selección, anotando un gol clave en la semifinal ante Yugoslavia.

Sin embargo, su momento cumbre llegó en la gran final contra Argentina en el Estadio Centenario; con el marcador empatado a dos goles y una tensión insoportable en el ambiente, Iriarte sacó un potente disparo que se coló en la portería albiceleste, anotando el decisivo 3-2 parcial que encarriló el definitivo triunfo charrúa por 4-2.

Sergio Bertoni (Italia / 1938)

El segundo caso nos traslada a finales de los años treinta, concretamente al Mundial de Francia 1938. En aquella Squadra Azzurra dirigida por el legendario Vittorio Pozzo, la competencia por un puesto en la delantera era sencillamente feroz debido al altísimo nivel de la Serie A.

En medio de ese panorama, emergió la figura de Sergio Bertoni, un joven y habilidoso atacante que por aquel entonces deslumbraba en las filas del Pisa Calcio, equipo que competía en la Serie B italiana. Pozzo, un estudioso del fútbol que valoraba la polivalencia y el despliegue físico por encima de los nombres, vio en el futbolista italiano las condiciones idóneas para apuntalar el bloque ofensivo de un equipo que buscaba revalidar su corona.

A diferencia de otros integrantes de esta lista, Bertoni ya sabía lo que era triunfar a nivel internacional, habiendo ganado la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 con la selección amateur. Durante el torneo de Francia 1938, su rol en el campo fue más de reparto que de protagonista absoluto debido a la presencia de astros como Giuseppe Meazza y Silvio Piola.

Aunque no llegó a disputar minutos en la fase final del torneo donde Italia se coronó bicampeona al vencer a Hungría, su presencia en el plantel campeón supuso un hito sin precedentes para el Pisa y lo consolidó como el único futbolista de su país en alzar la Copa del Mundo desde la categoría de plata.

Terry Paine (Inglaterra / 1966)

El Mundial de Inglaterra 1966 es recordado por el histórico y único triunfo de los «Inventores del Fútbol» en su propio territorio, un torneo marcado por la rigidez táctica y el estilo físico impuesto por el entrenador Alf Ramsey.

Dentro de esa convocatoria británica se encontraba Terry Paine, un extremo derecho que era una auténtica leyenda viviente en el Southampton FC. Aunque el equipo logró el ascenso a la First Division justo al término de esa misma temporada 1965/66, a efectos oficiales, Paine era un futbolista perteneciente a la Second Division inglesa, donde había firmado registros goleadores espectaculares que obligaron a Ramsey a convocarlo.

En el esquema de Ramsey, que inicialmente utilizaba extremos tradicionales antes de cambiar al famoso sistema de los «Wingless Wonders» (los extremos sin alas), Paine tuvo la oportunidad de debutar en la fase de grupos. Fue titular en el segundo partido del torneo, en el que Inglaterra derrotó a México por 2-0 en el Estadio de Wembley.

Aunque una lesión y el posterior cambio táctico del entrenador lo apartaron del once titular para los partidos de eliminación directa, su contribución en la fase inicial fue sumamente valiosa para asentar la confianza del equipo que terminaría venciendo a Alemania Federal en la prórroga de la final.

Ron Flowers (Inglaterra / 1966)

En el mismo campeonato de Inglaterra 1966 se dio una coincidencia extraordinaria, ya que la plantilla inglesa contaba con un segundo futbolista perteneciente a la Segunda División: el mediocampista Ron Flowers.

Flowers había sido una estrella indiscutible del Wolverhampton Wanderers durante los años cincuenta y sesenta, ganando tres títulos de liga, pero el club sufrió un catastrófico descenso a la Second Division en 1965. A pesar de competir en la segunda categoría, la experiencia, el liderazgo y la excelsa condición física del futbolista hicieron que Alf Ramsey lo mantuviera como un pilar de experiencia indispensable dentro del vestuario de los «Three Lions«.

La participación de Ron Flowers en los terrenos de juego durante este Mundial fue inexistente, ya que no llegó a disputar ningún minuto en los seis encuentros del torneo debido al espectacular estado de forma de la pareja de mediocentros titular. Sin embargo, estuvo a punto de ser el gran protagonista de la final contra Alemania Federal; el centrocampista Jack Charlton amaneció con síntomas gripales el día del partido y Ramsey le comunicó a Flowers que estuviera preparado para salir de inicio.

Finalmente, Charlton pudo recuperarse a tiempo, dejando a Flowers en el banquillo, pero su medalla de campeón reconoció la trayectoria de un mediocampista que tocó el cielo del fútbol desde el barro de la segunda división.

Marcelo Trobbiani (Argentina / 1986)

El último integrante de este selecto club nos remite a una de las gestas más icónicas del fútbol sudamericano: la Argentina de Diego Armando Maradona en el Mundial de México 1986.

El director técnico Carlos Salvador Bilardo, conocido por su obsesión enfermiza por la táctica y el orden, buscaba futbolistas con buen trato de balón para dar descanso y fluidez al centro del campo en los momentos de máxima presión. Fue así como decidió convocar a Marcelo Trobbiani, un talentoso volante creativo que en ese momento de su carrera militaba en el Elche CF, conjunto que disputaba la Segunda División de España y con el que peleaba por regresar a la máxima categoría.

El caso de Trobbiani en México 1986 es uno de los más curiosos y breves en la historia de las finales mundialistas. Su participación se redujo de manera estricta a los últimos dos minutos de la final frente a Alemania Federal en el Estadio Azteca.

Bilardo lo introdujo en el minuto 88 para sustituir a Jorge Burruchaga, autor del gol del 3-2 definitivo, con el único objetivo de retener la posesión del balón, congelar el reloj y desesperar a los rivales germanos. Trobbiani cumplió su cometido a la perfección, llegando incluso a tocar su primer y único balón en el torneo mediante un elegante pase de tacón, sellando así de forma oficial su condición de campeón del mundo.

Imagen principal: Tata Brown, Echevarría y Trobbiani festejan el título de 1986. Foto: El Gráfico / Dominio Público.